Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

De cómo debe ser el mundo.

Para empezar: ¿por qué azul? ¿Por qué no morado, o verde?  El cielo siempre se ve más bonito cuando no es azul.
El mar sí, es perfecto. Azul casi negro y a veces transparente.
Para ser perfecto, el mundo debería contar con un botón de reinicio. Así, cuando ya no encontremos más teorías, ni podamos inventar historias novedosas; cuando ya hayamos agotado la intriga y nos dediquemos a crear estúpidas teorías basadas en otras que no explican nada nuevo, a rehacer viejas historias y a sumirnos en un aburrimiento crónico... alguien podrá levantarse de su cómodo sofá y accionar el botón.
Todo daría vueltas, los colores se mezclarían, la intocable Ley de la Gravedad se hundiría y traslatormentasiemprevienelacalma se posaría en el mundo.
Entonces no seríamos más que un puntito en el espacio, hasta que Nosesabequién, con su lápiz de hacer al mundo, nos explotó y blablabla, todos sabemos el resto. Nació la Tierra. ¡Pero por Dios! ¿A qué ser falta de imaginación se le ocurrió semejante nombre? A demás de poco imaginativo era poco observador, porque resulta que nuestra Tierra... es más Agua que Tierra. Aunque eso es lo de menos, ¿no? Un nombre no define quién eres. 
Bueno, una vez producido el nacimiento de la Tierra y demás sinimportancias... y BLABLABLA naciste tú y nací yo. Ay, ay, ay... naciste tú. Porque yo: de acuerdo, vale, genial. Nací y todo es perfecto. Pero tú: naciste, vale, perfecto pero... ¿tenías que meterte en mi camino? 
Si el mundo fuese perfecto, mi camino y el tuyo no se hubieran encontrado tan pronto. Si fuese casi perfecto, el tiempo se habría de detener para que pudiese retenerte hasta el momento justo en el que debiste aparecer.
Si el mundo fuese perfecto, la torre Eiffel estaría en mi jardín y el whisky saldría de las fuentes. ¡Ay, si fuese perfecto! Si lo fuese, ahora yo no estaría aquí y nunca habríais leído esto; porque yo estaría contigo en algún lugar muy muy lejano dejando que el café se enfriase un poco. 

Por ahora, céntrate en encontrar el botón, Karen.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Nunca me gustaron las bicicletas.

Las bicicletas son esos medios de transporte que agotan al corazón. 
Quieres ir muy rápido y el aire frío te hace llorar, 
pero lo más triste de todo es que nadie te espera en ningún lugar.

 Las bicicletas están hechas para conducir temerariamente y tropezarte con un sonrisabonita que te invite a un café.
Pero, como todo en este mundo: NADA FUNCIONA BIEN y entonces nacieron las motos y los coches.

Silogismo obvio:
En este mundo nada funciona bien.
Tú eres parte de este mundo.
Yo soy parte de este mundo.
Nosotros, como unidad, formamos parte de este mundo.
Nosotros no funcionamos bien.


Estoy en contra de este silogismo, pero... ¿qué quieres que te diga? Así funcionan las cosas.
Y esta carretera que llaman Vida, está llena de curvas. Voy en bicicleta, y a veces confundo las curvas con esquinas, entonces me detengo a esperarte. Siempre regresas ¿no?

Me consuela saber que esto es sólo una esquina más. Karen.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cambio.

Ojalá que cambiar fuera igual de fácil como fácil es hacer "click".

Pero no, Karen.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sólo estoy de paso.

Lo bueno de escribir tanto, es que nadie te lee. 
Esto es temporal, he parado en un motel a pasar la noche, y al amanecer, partiré hacia mi vida.

No digáis de mí que soy distante, tampoco que no me se os muestro (¡bah! no empecéis con la gramática.) y tampoco digáis que no os quiero. Porque, si no me saco del envoltorio en el que vine a este motel, es porque no quiero gastarme antes de llegar a mi vida.
Ay, no. No pienses (ahora te hablo a ti y no a vosotros) que me das igual. No pienses que tú eres el motel, no: ahí te encontré, y muy en el fondo, espero que te me pegues a los zapatos para así poder arrastrarte a mi camino cuando me vaya de aquí. 

¡Me hubiese encantado tanto conocerte en la vida! Pero no. Y te agradezco la compañía en el motel. Sé que a veces te enfadabas contigo mismo (con tus monstruos, o con lo que sea que te haga daño) y te ibas a otra habitación. Me dejabas sola conmigo misma (con mis monstruos, o con lo que sea que me recuerde a ti). Sé que algunas veces me confundías, y hacías como que me querías. Sé que de cuando en cuando pensabas en mí y tocabas a mi puerta. También sé que casi nunca estabas: con estar quiero decir estarunidosmejillacontramejillaalcalordelasmanosmientrasmiramoseltechosinohayestrellas.

Ya no me queda mucho tiempo ¿sabes? Mi estancia en el motel ya está paga y... pronto he de irme. Sé que no lo sientes, que tú también te irás. Pero a mí no me da igual; y, por si no te das cuenta, me estoy desenvolviendo despacito muy despacito -así como desnudándome, quedándome en piel- mientras escribo esto que se sale de lo habitual (y del corazón).
NO. No te pienses que todo esto es por ti (jejee, lo siento, pero alguna mentira tenía que meter).

Ay, sí. Me gusta. Escribir es... es como... algo así como... el papel es una caja y las palabras los ladrillos que no me dejan salir del hall del motel; tengo que meter los ladrillos en la caja para salir. Y yo quiero salir. Por muy agradable y demás adjetivos que sea tu compañía, sé que, si te encontré en el motel y no en la vida es porque en la vida me espera alguien mejor.

No digas de mí que no te quiero; si no te lo digo es porque espero que lo sepas. No te creas que no te busco; pero ocurre que vas tan rápido que nunca te alcanzo. 
¡Tírame de la lengua! que te quiero hablar.

Y cuando amanezca y deba irme... me despediré. Sí. Sé que las despedidas duelen, que no son bonitas, que entristecen al alma y demases.
Te miraré a los ojos, los anclaré a los míos. Te sonreiré y respiraré despacito. Te daré un regalo (algo así como un abrazo) y te diré como pueda (si no me falla la voz) : de menos, te echaré de menos. 
Entonces pasaré por el hall, saldré por la puerta cargando con mi maleta, pisaré el asfalto de la realidad, me tambalearé con el viento frío pero, sin mirar atrás, me marcharé. Subiré a mi coche y a kilómetros por hora huiré de ti. Me dolerá sí, pero duele más estar junto a ti, compartiendo habitación de motel, si sé perfectamente que ESTO ES TEMPORAL. 

Mis enhorabuenas si habéis leído todo, Karen.


jueves, 3 de noviembre de 2011

Llévateme.

- Gracias por ayudarme a sobrellevar esta ciudad.
- Cuando quieras damos una vuelta.
- Ahora mismo estoy en término medio.

Pero oye, no te lleves mi razón.

Conmigo te sobra. Karen.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nunca me propuse la felicidad.

Degradación del recuerdo. 

Dicen que cuando algo muere
hay que regalar un minuto de silencio.
Murió
y casi no me entero,
pero por Dios, ya no te espero. 

Dicen que allá en el cielo te va bien.
Yo no me quejo;
aquí en el infierno, que los elegantes llaman averno
le invento un invierno a tu recuerdo eterno. 

Dicen, ¡tanto dicen!
que cuando el diablo miedo sale a pasear
tu piel lleva como disfraz.

No.
¡NO!
He dicho que no.
Más te vale no escucharme.
Aquí abajo no veo tu luna ni escucho lo que dices.
Ya tengo suficiente con el eco del recuerdo
que resuena en las paredes de este infierno.

Dicen, y digo yo, que eres lo peor.
Te vienes y vas como un huracán
y destrozas todo allá donde vas. 
Te vistes con tu mejor traje,
sí, ese de color índigo
que tan azul o tan negro parece
y que de día o tarde, siempre anochece.

Dicen que esto es mentira.
Falso o palabras de vacío,
y no están muy perdidos.
Por eso, haz el favor de no morir
que yo haré como que vuelvo a vivir. 

Este lugar es un rompecabezas, un puzzle gigante de piezas mínimas. Y en cada una de ellas está escondido un trocito de alguna letra. Por eso, hasta que no mueras (y acabes tu rompecabezas -que por algo se llama así-) no creas saber la palabra que se esconde. No digas ser infeliz cuando ni siquiera has vivido. 

El recuerdo es un sentimiento, el más mutable de todos. 

No, no me esperes, vete. Karen.

martes, 1 de noviembre de 2011

Está claro que el mundo no es como debería ser.

Es noviembre, debería llover.
Me equivocaron de siglo, entonces "tuve que dejar de ser yo y dedicarme a escribir".
Las cosas son así, de acuerdo. No pasa nada. ¡Que estoy muy bien!

Pensar es como hacer. Si haces muchas cosas a la vez, todo te saldrá mal. Concentración. Seamos embudos. Mira, es sencillo... invádeme con tus sonrisas, tus risas, tu par de ojos, tus palabras, TUS PALABRAS ¡POR DIOS!, tus silencios (sí, con esos también. Que aunque muy vacíos, llenan bastante), invádeme con tus pisadas, tus llamadas, tu piel, tú. Invádeme de ti; que yo lo filtraré y lo reduciré a cenizas con las que te pueda fumar.

Hoy me di de bruces con una señora mayor y despiadada. Vestía canas en el pelo y de los ojos le colgaban lágrimas. Su sonrisa ya estaba un poco vieja, los extremos le pesaban y se le caía formando una C al revés. C de claroquenoestoybien, de cansancio, de casicasisiempreescasi, de cadavezquevienestevas. Era una señora común, del montón. Dicen que una vez fue feliz, y ya no pudo volver a serlo; que el Tiempo la hizo presa y ella cayó. Dicen que quiere a todo el mundo, pero que a ella nadie le corresponde. Dicen, dicen que dicen que se llama Tristeza. 

El problema es que no estoy mal. No estoy triste, no estoy mal, ni quiero alguien a quien amar. Quiero. Solamente quiero. Tú, que no eres nadie. A ti. Y cuando tengo: no quiero. Porque me gustan los principios, pero no el contenido y ni mucho menos los finales.
¡Que me gusta llegar hasta el penúltimo escalón! Me gusta rozar el cielo desde la cama. Me gusta gastar mi último átomo de hidrógeno antes de coger un puñado más. Me encanta tirar una piedrecita, girarme y esperar a que me reclames. ¡QUE SÍ! QUE SOY DE LAS QUE SE ASUSTA AL TENER EL GATILLO ENTRE LOS DEDOS!

Pero no te canses de invadirme, Karen.