Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.
Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Y te vas en cero coma.
En los tiempos que corren, muchos piden por un puntofinal. La coma se ha puesto de moda entre las tiendas más concurridas y su precio es cada vez más barato. ¿Qué clase de gusto tenéis? ¿Qué de bonito tiene un coloríncoloradoestecuentosehaacabado sin puntofinal? ¿Por qué esta obsesión con las infinitas comas?
Podría haberse puesto de moda el puntosuspensivo, que de esos tengo muchos; de mis tiempos contigo en los que coleccionaba todos tus finales conmigo.
Habrá que seguir al resto. Karen.
martes, 22 de noviembre de 2011
Desoladora revelación.
Ultimamente hay una sola idea que me arranca de esta sospechosa calma en la que me he sumido (en la que me han sumido). Esa idea soy yo.
Me he llevado, sin planificarlo y ni siquiera desearlo, a un futuro de una habitación de noche con luces encendidas. La habitación está muda y el calor se puede ver en las gotitas del cristal de la ventana y en la piel.
Me encuentro unos años mayor y sé que hay alguien conmigo (en mí, sobre mí, bajo mí, pero a la vez: sin mí.) aunque no me llevé para él un rostro. Un patrón generalizado. Él: cualquiera.
Fui cargada de sensaciones, no de sentimientos. Mucho calor, poca emoción.
Me veo deshaciéndome del trabajo, del tráfico, de los humanos que no deberían llamarse así, de los dependientes sordos de las tiendas de música, de los minutos de 73 segundos y de miles de etcéteras que me persiguen a diario. Se los doy a él; se los meto por la piel... encajándoselos en los poros de su piel, entre su pelo, en sus labios y donde él quiera.
Me veo saliendo por la puerta y con la naturalidad que nunca me fue dada, espero sin sonreír a que se marche. Me besa la mejilla y me olvido de su cara (si es que alguna vez la conocí).
Y me asusta que algún día esta idea rompa la crisálida y en lugar de la bella mariposa de colores verdes y azulados, salga el escorpión venenoso que se disfraza de fiesta pero llora y llora y se duele. Se duele de cada guiño que acabó en la cama y no en la almohada.
Tan absurda idea, que no puedo ser yo. Karen.
Me he llevado, sin planificarlo y ni siquiera desearlo, a un futuro de una habitación de noche con luces encendidas. La habitación está muda y el calor se puede ver en las gotitas del cristal de la ventana y en la piel.
Me encuentro unos años mayor y sé que hay alguien conmigo (en mí, sobre mí, bajo mí, pero a la vez: sin mí.) aunque no me llevé para él un rostro. Un patrón generalizado. Él: cualquiera.
Fui cargada de sensaciones, no de sentimientos. Mucho calor, poca emoción.
Me veo deshaciéndome del trabajo, del tráfico, de los humanos que no deberían llamarse así, de los dependientes sordos de las tiendas de música, de los minutos de 73 segundos y de miles de etcéteras que me persiguen a diario. Se los doy a él; se los meto por la piel... encajándoselos en los poros de su piel, entre su pelo, en sus labios y donde él quiera.
Me veo, harta de esconder mis palabras, desnudándome de pieles y asesinando al diccionario que me hizo ser así.
La idea me está fija, no se mueve ya; pero me desperté con sus huellas dactilares en los hombros.Me veo saliendo por la puerta y con la naturalidad que nunca me fue dada, espero sin sonreír a que se marche. Me besa la mejilla y me olvido de su cara (si es que alguna vez la conocí).
Y me asusta que algún día esta idea rompa la crisálida y en lugar de la bella mariposa de colores verdes y azulados, salga el escorpión venenoso que se disfraza de fiesta pero llora y llora y se duele. Se duele de cada guiño que acabó en la cama y no en la almohada.
Tan absurda idea, que no puedo ser yo. Karen.
domingo, 20 de noviembre de 2011
viernes, 18 de noviembre de 2011
Cianuro para las heridas.
Mis hemisferios no se bajan del ring. Uno afirma tu existencia y el otro golpea para hacerlo entrar en razón.
Hoy me decanto por mi lado izquierdo, el razonable, el que sabe quién soy. Lástima que no hable mucho con él. Pero lo mejor de no saber quién soy es que puedo ser como me de la gana. Pero las ganas siempre te las dejo a ti.; a pies de tu portal, en el asfalto de aquella noche o en el abrazo a dos mesas de distancia. Te las dejo en las manos, pero tu Nietzche te dice que no son reales. Por eso ya no te las dejo, ya no las llevo encima (las guardo en una cajita, con mi corazón, por si me las quitan).
Cuando empecé a escribir, tenía pensado no hablar de ti (yo lo que quiero es hablar SOBRE ti), pero eres imposible. Eres como esa humedad molesta que me riza el pelo pero que no odio porque deja un olor a tierra mojada que me encanta.
Te me pegas a los pensamientos. Es hacer matemáticas y concluir que YO - TÚ = 0 ---> YO = TÚ. Y cuando de ecuaciones se trata, siempre pienso en TÚ + ELLA + X = 0 ---> TÚ + ELLA = -X. Donde la X que sobra soy yo indudablemente.
Y esto también me pasa en la sintaxis, donde siempre soy el "azul" que acompaña a "cielo" (el complemento que está de más).
Peor es historia, porque inmediatamente me viene a la mente que yo nunca saldré en esos libros y tú nunca los escribirás. No constaremos en ningún sitio (será como si nunca hubiesemos existido).
Pero sin duda, la asignatura que peor llevo es física y química. La química me la imagino y nos junto donde no hay enlaces. Y la física ¡ese gran desconocido! A veces creo que no existes porque no me tocas. Por tu culpa suspendí el examen de la fuerza de rozamiento, porque si no puedo comprobarlo: no lo creo. Y tus dedos jamás se han deslizado por mi cuello y rozado hasta detenerse en mi pecho. Lo único que conozco del tema este de la física es la Ley de la Gravedad: esa fuerza que me hace quedarme sentada y firme en mi sitio cuando te veo alejarte y sólo deseo ir a buscarte. Esto es muy grave, como tú, que eres un problema. Pero no me pidas que te resuelva, suspendí matemáticas.
Hace rato que me perdí entre estas palabras, que son algo así como la quinta pata del gato de Schrödinger, que está muy ocupado resolviendo su propia paradoja.
Lo peor de todas estas frases escasas de sentido, función y objetivo es que no eres tú en quien pienso. Porque según yo, me quieres en secreto y sufres por el placer estratosférico que te supone llorar e inundar la habitación para tener una piscina donde ahogarte en invierno. Pero no.
Cuando me sonríes, le sonríes a ella.
Cambio de párrafo y comienzo de nuevo.
Pretendiendo no hablar de ti, hablaré de lo que no tengo. Yo me imagino que te tengo, que te compré una noche de enero mientras fingía que no tenía sueño. (PAUSA)
Ya está. He respirado y recargado el tintero del corazón. Y mientras acabo con esta hoja, me dispongo a pasar a la siguiente. Así: sin preliminares ni puntos y aparte. Soy fría y así la sangre con la que asesino tus palabras.
Demasiado (creo a veces). Soy como esa propiedad del agua que hace que esta se congele en su capa más externa para que los pecesitos chiquitines mantengan su calorcito. Así. Y no quiero entrar en detalles sobre lo que me considero; eso te lo dejo a ti.
De cuando en vez podrías regalarme un par de palabras (me valen con dos). Te sugiero un "te" (suenan muy bonitos) y puedes acompañarlo facilmente con un "quiero" en tiempo presente. Pero eres libre de hacer lo que quieras. Te quiero.
Pensándolo mejor, no me regales nada. Quiero ser mala y eres a quien tengo más cerca (al fondo a la izquierda, en mi pecho).
Te robaré las palabras. Te quedarás sin habla y tendrás que usar sólo tus ojos y mi tacto para expresarte. Vocalizarás torpemente y tus manos me topografiarán rigurosamente. Yo estaré encantada, pero en mi propósito de maldad...
Te haré cerrar los ojos. Te ataré las manos. Te sentaré en el frío suelo. Te susurraré al oido un mevoy. Me marcharé haciéndome daño y esperando que tú sufras como mínimo la mitad de lo que sufro yo.
Y mientras camine hacia el bar vacío de siempre, pensaré que olvidé pedirte que busque el tequiero que te robé. Porque la vida es muy puta y yo me he vuelto muy mala.
De pronto me vi hablando de ti nuevamente, pero ya no me extraña. Si YO = TÚ, normal que todo el día me estés tan presente.
Y mientras espero a que te levantes y me empieces a buscar, yo iré de bar en bar, de esquina en callejón, de suburbio en mi mente... buscando una droga que caiga del cielo y me permita romper este enlace de hidrógeno que formé con nosotros.
Me consuela saber que, si lo lees, no sabrás quién eres porque yo no sé quién soy. Karen.
Hoy me decanto por mi lado izquierdo, el razonable, el que sabe quién soy. Lástima que no hable mucho con él. Pero lo mejor de no saber quién soy es que puedo ser como me de la gana. Pero las ganas siempre te las dejo a ti.; a pies de tu portal, en el asfalto de aquella noche o en el abrazo a dos mesas de distancia. Te las dejo en las manos, pero tu Nietzche te dice que no son reales. Por eso ya no te las dejo, ya no las llevo encima (las guardo en una cajita, con mi corazón, por si me las quitan).
Cuando empecé a escribir, tenía pensado no hablar de ti (yo lo que quiero es hablar SOBRE ti), pero eres imposible. Eres como esa humedad molesta que me riza el pelo pero que no odio porque deja un olor a tierra mojada que me encanta.
Te me pegas a los pensamientos. Es hacer matemáticas y concluir que YO - TÚ = 0 ---> YO = TÚ. Y cuando de ecuaciones se trata, siempre pienso en TÚ + ELLA + X = 0 ---> TÚ + ELLA = -X. Donde la X que sobra soy yo indudablemente.
Y esto también me pasa en la sintaxis, donde siempre soy el "azul" que acompaña a "cielo" (el complemento que está de más).
Peor es historia, porque inmediatamente me viene a la mente que yo nunca saldré en esos libros y tú nunca los escribirás. No constaremos en ningún sitio (será como si nunca hubiesemos existido).
Pero sin duda, la asignatura que peor llevo es física y química. La química me la imagino y nos junto donde no hay enlaces. Y la física ¡ese gran desconocido! A veces creo que no existes porque no me tocas. Por tu culpa suspendí el examen de la fuerza de rozamiento, porque si no puedo comprobarlo: no lo creo. Y tus dedos jamás se han deslizado por mi cuello y rozado hasta detenerse en mi pecho. Lo único que conozco del tema este de la física es la Ley de la Gravedad: esa fuerza que me hace quedarme sentada y firme en mi sitio cuando te veo alejarte y sólo deseo ir a buscarte. Esto es muy grave, como tú, que eres un problema. Pero no me pidas que te resuelva, suspendí matemáticas.
Hace rato que me perdí entre estas palabras, que son algo así como la quinta pata del gato de Schrödinger, que está muy ocupado resolviendo su propia paradoja.
Lo peor de todas estas frases escasas de sentido, función y objetivo es que no eres tú en quien pienso. Porque según yo, me quieres en secreto y sufres por el placer estratosférico que te supone llorar e inundar la habitación para tener una piscina donde ahogarte en invierno. Pero no.
Cuando me sonríes, le sonríes a ella.
Cambio de párrafo y comienzo de nuevo.
Pretendiendo no hablar de ti, hablaré de lo que no tengo. Yo me imagino que te tengo, que te compré una noche de enero mientras fingía que no tenía sueño. (PAUSA)
Ya está. He respirado y recargado el tintero del corazón. Y mientras acabo con esta hoja, me dispongo a pasar a la siguiente. Así: sin preliminares ni puntos y aparte. Soy fría y así la sangre con la que asesino tus palabras.
Demasiado (creo a veces). Soy como esa propiedad del agua que hace que esta se congele en su capa más externa para que los pecesitos chiquitines mantengan su calorcito. Así. Y no quiero entrar en detalles sobre lo que me considero; eso te lo dejo a ti.
De cuando en vez podrías regalarme un par de palabras (me valen con dos). Te sugiero un "te" (suenan muy bonitos) y puedes acompañarlo facilmente con un "quiero" en tiempo presente. Pero eres libre de hacer lo que quieras. Te quiero.
Pensándolo mejor, no me regales nada. Quiero ser mala y eres a quien tengo más cerca (al fondo a la izquierda, en mi pecho).
Te robaré las palabras. Te quedarás sin habla y tendrás que usar sólo tus ojos y mi tacto para expresarte. Vocalizarás torpemente y tus manos me topografiarán rigurosamente. Yo estaré encantada, pero en mi propósito de maldad...
Te haré cerrar los ojos. Te ataré las manos. Te sentaré en el frío suelo. Te susurraré al oido un mevoy. Me marcharé haciéndome daño y esperando que tú sufras como mínimo la mitad de lo que sufro yo.
Y mientras camine hacia el bar vacío de siempre, pensaré que olvidé pedirte que busque el tequiero que te robé. Porque la vida es muy puta y yo me he vuelto muy mala.
De pronto me vi hablando de ti nuevamente, pero ya no me extraña. Si YO = TÚ, normal que todo el día me estés tan presente.
Y mientras espero a que te levantes y me empieces a buscar, yo iré de bar en bar, de esquina en callejón, de suburbio en mi mente... buscando una droga que caiga del cielo y me permita romper este enlace de hidrógeno que formé con nosotros.
Me consuela saber que, si lo lees, no sabrás quién eres porque yo no sé quién soy. Karen.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Me importa una puta mierda.
Tampoco es que me leáis.
¡Húndete en tu asqueroso ombligo! Vete a TU mierda, que yo ya tengo la mía.
Ya no me vale con pensar en ti (joder, que sabes perfectamente quién eres). Ahora me ocupo de las demás estúpidas y corroídas cadenas que me atan al cielo.
Bah. Karen.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Sé que no soy yo, que el cielo se viene abajo.
¿No te pasa que de pronto te sientes diminuto, tanto que parece que el cielo está más arriba?
¿Nunca te has sentido gigante, y pensaste que el cielo se estaba cayendo?
No eres tú.
Es el cielo, que al incharse con tantos sueños, no se puede sostener.
Pero tranquilo, siempre hay alguien con un alfiler y..... ¡Pum! Adiós al cielo; se va con todos tus sueños.
Sé el señor del alfiler. Karen.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Complicaciones de un corazón acortinado.
Erase en un cuerpo, un corazón.
Como cualquier otro, este latía con sus movimientos diastólicos y sistólicos, se alimentaba de oxígeno y, como buen corazón, se llevaba a matar con su vecino el cerebro.
Pero esto no va sobre los corazones (de esto ya hablaré otro día), esto va sobre ESE corazón.
Primero que nada, y para que entendáis la historia, voy a ponerle un nombre. Corazón. Así se va a llamar (no os burléis, que no pretendo ser original).
Corazón sería un simple corazón más de no ser porque está acortinado. Sí, sí: acortinado.
Imaginaros una ventana. Desde dentro podéis ver hacia afuera, y desde fuera podéis ver hacia adentro. Ahora imaginaros una cortina y pasarla por la ventana. ¿A que ya no veis nada?
Pero estas cortinas no se abren y supone muchos problemas: las estaciones.
Corazón lo tiene todo pensado; posee una estrellita -no tan grade como el Sol- que le da luz y calor cuando el frío le amenaza con un infarto. Esto está muy bien, el problema llega con el verano. Si con el calor de fuera no era suficiente... el de la estrella hace que Corazón se asfixie.
El calor es delirante; Corazón sonríe y sonríe: es feliz. Pero pronto se agota. El calor lo hace sudar, las palpitaciones se le aceleran, se pone rojo colorado, los nervios se le suben y... por poco se le muere el miocardio. Se siente tentado a correr la ventana y abrirla; que el aire lo despeje de tanto delirio. Pero las cadenas.
Corazón sufre. Y se lamenta. Y piensa en el día que se acortinó. E intenta recordar qué nefasto día decidió comprar las cortinas. Y recuerda que nació así: acortinado.
Piensa en infartarse, pero, aunque lo odie, recuerda a su vecino el cerebro y se le pasan las tonterías.
Corazón ya tiene unos años, pero aún no se acostumbra a estos cambios de temperatura. (¡Venga! pensad un poquito, hombre.... todo es metáfora. ¿qué será la temperatura?)
Otra complicación es el aburrimiento. A veces se cansa de ver venas, arterias, y demases sin sentido. Pero Corazón no puede ver el exterior. Y nadie nadie nadie nunca nunca nunca jamás jamás jamás podrá mirar por su ventana. No habrá Romeo que le grite "¡Julieta!", ni ningún mal guitarrista que le cante. No habrá ojos que traspasen las cortinas, ni manos que rompan las cadenas.
Pero Corazón sigue siendo corazón, y sigue latiendo; al fin y al cabo: ES SU TRABAJO. No le pagan por quejarse.
Eres mi veranosinventanas, mi inviernosinestrella, mi temperatura, corazón. Karen.
Como cualquier otro, este latía con sus movimientos diastólicos y sistólicos, se alimentaba de oxígeno y, como buen corazón, se llevaba a matar con su vecino el cerebro.
Pero esto no va sobre los corazones (de esto ya hablaré otro día), esto va sobre ESE corazón.
Primero que nada, y para que entendáis la historia, voy a ponerle un nombre. Corazón. Así se va a llamar (no os burléis, que no pretendo ser original).
Corazón sería un simple corazón más de no ser porque está acortinado. Sí, sí: acortinado.
Imaginaros una ventana. Desde dentro podéis ver hacia afuera, y desde fuera podéis ver hacia adentro. Ahora imaginaros una cortina y pasarla por la ventana. ¿A que ya no veis nada?
Pero estas cortinas no se abren y supone muchos problemas: las estaciones.
Corazón lo tiene todo pensado; posee una estrellita -no tan grade como el Sol- que le da luz y calor cuando el frío le amenaza con un infarto. Esto está muy bien, el problema llega con el verano. Si con el calor de fuera no era suficiente... el de la estrella hace que Corazón se asfixie.El calor es delirante; Corazón sonríe y sonríe: es feliz. Pero pronto se agota. El calor lo hace sudar, las palpitaciones se le aceleran, se pone rojo colorado, los nervios se le suben y... por poco se le muere el miocardio. Se siente tentado a correr la ventana y abrirla; que el aire lo despeje de tanto delirio. Pero las cadenas.
Corazón sufre. Y se lamenta. Y piensa en el día que se acortinó. E intenta recordar qué nefasto día decidió comprar las cortinas. Y recuerda que nació así: acortinado.
Piensa en infartarse, pero, aunque lo odie, recuerda a su vecino el cerebro y se le pasan las tonterías.
Corazón ya tiene unos años, pero aún no se acostumbra a estos cambios de temperatura. (¡Venga! pensad un poquito, hombre.... todo es metáfora. ¿qué será la temperatura?)
Otra complicación es el aburrimiento. A veces se cansa de ver venas, arterias, y demases sin sentido. Pero Corazón no puede ver el exterior. Y nadie nadie nadie nunca nunca nunca jamás jamás jamás podrá mirar por su ventana. No habrá Romeo que le grite "¡Julieta!", ni ningún mal guitarrista que le cante. No habrá ojos que traspasen las cortinas, ni manos que rompan las cadenas.
Pero Corazón sigue siendo corazón, y sigue latiendo; al fin y al cabo: ES SU TRABAJO. No le pagan por quejarse.
Eres mi veranosinventanas, mi inviernosinestrella, mi temperatura, corazón. Karen.
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