Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

martes, 21 de febrero de 2012

Aun no te conocía, cuando empecé a olvidarte.

En el balcón del séptimo piso está creciendo cicuta. El vecino del quinto deja caer las colillas de su cigarro de después mientras la ve marchar -a ella- que ni se despidió. En un ataque de celos, el del noveno B dispara contra la pared; y unos dedos temblorosos, al otro lado, marcan al 911. En el último piso las ventanas están abiertas de par en par, dejan que la ardiente se marche lento, lento, y no despiertan para que no se acabe la noche. A las puertas del portal duermen mil sueños, y otros mil flotan entre lo que quedó de la botella. Por las escaleras sube aquel, el que un día juró que por ella nunca se iba a matar... y como un fantasma, se cuela en su habitación. Por la ventana del octavo C se asoman unos ojos tristes, unas ganas infinitas de coger ese tren y el recuerdo embotellado de tres noches a escondidas. 
En la ciudad las aceras están mojadas -no ha llovido-, los coches bostezan y las farolas cierran los ojitos. El sol  nos invita a cerrar las persianas y.... ¿Y lo que me costó escribir sin usar tu pronombre?

Así, sin más y por nada. Karen.

jueves, 16 de febrero de 2012

No me sonrías ni me huyas, que no vengo a saludarte.

No entiendo muchas cosas, y entre ellas: a mí.
La luna se encuentra en lo alto de la estantería. Siempre he sido bajita, los tacones no me ayudan lo suficiente y ya empiezo a cansarme. Descubro que en lo más bajo de la estantería están esas páginas de libros que jamás entendí (por aquello de la paciencia) y sonrío. Sonrío mucho porque ya las entiendo.
A falta de locura, me busco una cuerda. Con ella intento hacerme una escalera, pero el poker. Lo sé, joder, nunca le caí bien al estúpido azar. Por no seguir jugando, me detengo un momento a ver si hay algo interesante.  Cajitas. De colores. ¡Oh, pero si tienen corazones! Pero no; tengo mejores cosas que hacer que ponerme a recordar.
Y sola -no podía ser de otra forma- al final del tercer estante, hay una bola de metal. La recuerdo bien; sé que es de metal porque es mía, pero no lo parece -ni brillante, ni consistente-. No debería, pero me acerco; tengo intenciones de cogerla entre mis manos, de acariciarla y decirle oye, tranqui, no pasa nada. Entonces me llega ese (d)olor: cenizas de sueños que quemé, de noches en vela, del cigarro de después, cenizas tuyas y mías y suyas y nuestras y vuestras. La cojo con cuidado -no vaya a pasar lo que sé que pasará- y compruebo que sí lo recordaba bien: no es metal, pero quiere serlo. Y no sabe por qué quiere serlo si sabe que no es lo mejor que puede ser. 
Las cuerdas rotas del quinto estante chillan y lloran desconsoladas mientras la radio del estante de abajo narra el resumen de las noticias del mes. 
Me sobresalto y, sin querer -aun sabiendo que pasaría-, un microimpulso nervioso me hizo casicerrar la mano y... la bolita que quería ser metal se me deshizo entre los dedos. Me quedaron diminutos trocitos de lo que era; entonces la luna hizo de lago y los trocitos de piedrecitas, y así, con mala puntería... ya sabéis: esta noche a tu ventana tira piedras la luna (8)
No entiendo muchas cosas. No sé decir algunas otras. No me doy cuenta de muchas más. No me fijé en lo que había en el séptimo huequecito de la estantería.... no lo quise ver. No lo siento, que es lo peor. Y no preguntes, que no voy a contestar.
No se vende la luna en botella, ni las estrellas son caramelos, pero oye.... ¿para qué queremos más?

No vengo a despedirme. Karen.

domingo, 12 de febrero de 2012

Misantropía.

Sé que no debería escribir; odio mi manera de hacerlo.
Y con la misantropía a flor de piel, me siento a esperar que la luna pierda el equilibrio y caiga en mi jardín. 
No puede ser tan malo. Sería como el sonido crujiente de los nudillos en tu cara, pero a lo grande. Y todo estaría bien -no pasaría nada- porque todo se acabaría (sin preliminares ni reverencias finales) y... bueno, ¿qué más da, si el problema no es la muerte sino el dolor?
Me declaro misántropa. Pero tranquilos, no tengo licencia para matar y, para más seguridad: fingiré que no os odio :)

Kisses, and more kisses. Karen.

martes, 7 de febrero de 2012

Me consuela que no me leáis :)

Las botellas se van acumulando en el suelo de mi cabeza, el humo me atosiga el corazón y empiezo a creer que se me ha olvidado cómo escribir.
Las ideas se me superponen y forman figuras extrañas de geometría euclidiana que ni logro imaginar; entonces olvido todo y sólo recuerdo que me apetece fumar.
Los recuerdos que no me sucedieron tienen tus ojos y me persiguen mientras deliro... sonrisas de Cheshire que bailan sobre mi cabeza, ríos metafísicos donde Oliveira habla en gíglico con la Maga, ciclación de cafeína y cocaína... Entonces despierto agitada y Erwin Schrödinger me susurra que el gato fantasma no está ni vivo ni muerto. 
Lo esencial es el qué.
Lo primordial es que no sé de qué cojones hablar sin usar tu pronombre pensando en tu nombre mientras hago como que no hablo de ti -ay, de ti-. Collejas mentales y de un trago me olvido de ti -se hace así ¿no?-  Y mientas las hormigas se me suben por el cuello, bajan y bajan y bajan, metamorfosis de mariposa y habitan mis tripas... pienso en el Perro Andaluz de Buñuel.
Ok, de acuerdo -sí, me cansé de empezar los párrafos con L- ya sé la respuesta -a parte de aquella que siempre es: no-. Filósofos de antaño y ante-antaño y ante-ante-ante-antaño se morían por saber la respuesta estúpida a la pregunta más idiota que nunca se han hecho ¿quién soy? Bueno, con dos cojones, un día como hoy -07/02/2012 20:51pm noche fría, oleada siberiana despidiéndose de nosotros los misébiles mortales- yo, con el pelo húmedo tras la ducha, os digo que tengo la respuesta. Sí, sí, he dado con ella. No ha sido nada fácil. Y con nada me refiero a que no he hecho nada... Ha venido a mí. Me he sentado y, a falta de amor, la respuesta llamó a mi puerta. 
Respuesta: soy lo que creo que no soy.
JAJAJAJAJAJAJAJAJA nah, en serio... menuda estupidez. (Seguro que alguien se detiene un momento a pensar en ello y resulta que no tiene tanto de JAJAJA como muchos creéis.)
Para asuntos más importantes, tomemos una copa - dice Oscar Wilde mientras compartimos el café de medianoche.
Y una mosca que vuela del revés -¿así, Polanco?- gira gira y gira en su ballet de los cisnes deseando ser princesa. Yo le digo que no sueñe, que los príncipes se han extinguido hace ya muchos siglos y sólo quedan sapos, que ni saben blandir una espada, ni tienen valor para ir contra el dragón, y que ni siquiera llevan corona porque se les escurre. 

Después de esta sarta de sinsentidos*, respiro profundamente las rayas de algo que no es azúcar y que -casualmente- se encuentran enfiladas paralelamente en mi mesa, y os digo:
1) Nada de esto tiene interpretaciones -más sólo las de mi amigo Freud, ¿lo sabéis, no?-
2) ¿Quieres claridad? ¿Precisión? ¿Dirección? La respuesta es sí, deja de jugar.
3) Vale, ignora la 2)
4) Mañana visitaré los estanques, seguro que un sapo se hace príncipe.
5) A veces no soy estúpida.
6) Hablando en términos reales: para cumplir la 4) necesito tres cosas:
a) Un lugar.
b) Un tiempo.
c) Tú.

PD: tómatelo como algo personal, al fin y al cabo, eres persona, como yo.

* Dícese de la carencia** absoluta de sentidos.
** Misteriosa semejanza carencia-Karen***
*** Yo.

Definitivamente. Karen.

jueves, 2 de febrero de 2012

Febril.

Alguien me está esperando con demasiada fuerza. 
No soy yo, es él. Me prohíbo los sucesos -los interesantes, los verdaderos... lo que quiero- y lo hago única y exclusivamente porque deseo que me encuentres pronto -quizás con demasiada fuerza-.

Me declaro culpable de lo que fui, de lo que soy, y, sobretodo, de lo que seré. Sé que los cimientos ya están en su sitio. Que las bases están sentadas. Que por eso no me pongo de pie. También sé que siempre creí en nada. Que nada era lo que quería. Y que lo que quiero no está.
Me declaro dueña de tus pasos. Sé que los míos se han extraviado. Que los hombres son de marte y las mujeres de venus. Que Sartre dijo que estamos condenados a ser libres. Sé que no sé cómo quiero hacer las cosas. Tampoco sé cuándo las quiero hacer, ni dónde, ni con quién (permíteme mentir).

Alguien me grita que lo estoy haciendo mal.
No eres tú, soy yo - me grito.
Me declaro culpable de mentira, de engaño y de traición. No voy a excusarme, no lo hago sin darme cuenta. Me miento, me engaño y traiciono... para reírme si me dices que me quieres.
¡Lo estás haciendo mal! 
Sé que el universo tiende a la entropía. Que el caos está bien, pero el orden es lo políticamente correcto. Sé que necesito alas -de esas que se venden en botella o en pastilla-. Sé que está mal. Que lo natural es estar entrópico, inventarse palabras e ir descalzos por la vida.
No busco que me escuches, y me encanta escribirte porque sé que no lo haces.
¡Te quieroaaarg! lo siento... sólo eres costumbre. 
No soy tú, pero tú eres yo. Y harta que estoy de encontrarte a dondequiera que vaya; pero si te dejo, me dejaría a mí también...

Alguien me dijo alguna vez cómo soy. 
No se equivocaba, soy yo. Piel, palabras y calor escondido. ¿Es que nadie sabe dónde encontrarlo?

No. No y no. NO. Definitivamente la respuesta es sí, pero... no, por favor. Y no, no lo sé... y sin embargo.
Cabe aclarar(te) que no hablo de ti... pero me encantaría.
Oh, ¡por favor! venga..... no me mires así.... es que.... cada día es más.... difícil intentar.....

Bah, adiós. Karen.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Primero el final.

Ya no quedan finales vivieron felices para siempre, comieron perdices, fin.
Ya no quedan sapos que sean príncipes.
Ya no quedan princesas.
Ya no quedan historias, pero cuentos sobran.

Primero el final, que si algo tiene que acabar, que sea por el principio.

Karen.

domingo, 29 de enero de 2012

No me digas ven, porque iré.

No me digas ¡quiéreme!, porque ya lo hago.
No me digas que no me quieres, porque no dejaré de hacerlo yo.

Y al final, resultó que siempre fui yo: eterna mentira, sonrisas mal dibujadas, sentimiento cero, trozos de letras que alguna vez junté porque se veían bonitas y así.
Vacío existencial. Confirmación desoladora. Una vez escribí algo y se hizo realidad.
Una vez escribí algo... una vez nunca dije nada. 

Busco labios sabor alcohol. Busco tus ojos en otra cara. Busco palabras entre el café de las 3. Busco que me hagan reír. Busco todos los sueños que soñé. Busco sincronización cardíaca. Busco tu voz. Busco cerquita, por si tengo algo... pero nunca hay nada.
Encontré alcohol en botella. Encontré tus ojos en su sitio. Encontré tus palabras en mi café de las 3. Encontré la risa. Encontré los sueños en mi almohada. Encontré un fallo técnico. Encontré tu voz donde la había dejado. Encontré una silla donde sentarme a esperar encontrar algo diferente. 

Y volveré, y no buscaré nada, y encontraré lo de siempre... Y, no pasa nada, ¿no?

Frases inconexas, como tú y como yo, que se me resbalan de los dedos cuando hago como que sujeto al sujeto adecuado.  
Sabes que no. Sé que no. Sabemos que no. 

Y volveré, y volveré a lo que temo como futuro, y volveré a recordarte sólo por llevar la contraria. 

Frases inconexas porque me da la gana. Inconexión permanente para cuando toca ser yo. Y así... 

Por el momento, me toca ser todo eso que no soy. Karen.