Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Malditas perras negras.

Escribir no es ningún método contra nada, pero he de confesar que ayuda un poco.
Para escribir bien hay que tener algo roto, y no me refiero a los zapatos. Hay que ser un desperdicio humano, un poeta moribundo, la desolación personificada... Hay que ser inmensamente triste. Para escribir bien hacen falta tres personas: el guapo, el malo y el tonto.
A los cobardes se nos da muy bien escribir. Bueno, siempre hay excepciones (véase: yo). Pero cuando escribo e imagino que me leéis... creedme, me siento un poco más valiente. Y la verdad es que ahora mismo no tengo nada que escribir, ni estoy inmensamente triste a pesar de tener algo roto, pero me apetecía escribir... Y es que la verdad es que no sé si me siento triste o muy feliz.

No os olvidéis de volar, Karen.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Desde ahí arriba todos sois igual de pequeñitos.


Ni puta de qué escribir aquí, pero oye... me apetecía. 

(La foto es mala porque la tomé yo. Y sí, ahí estuve yo una media hora, dando vueltas física y mentalmente.) 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Quinientas mil razones.

Un motivo multiplicado por miles y miles de errores y ya tengo quinientas mil razones para odiarme.

Un adiós vestido de equipaje que rueda por las escaleras. Un semáforo en rojo. Una canción que llega tarde. Y un par de zapatos con las suelas desgastadas. 
No soy  buena para fijarme en todo; a veces no sé en qué año estamos... y me he saltado unas cuantas veces mi estación de tren barrabaja metro. Quizás no es el momento para decirlo pero... vivir no es mi cualidad más brillante (de hecho, dudo que sea una cualidad). Por eso me despido a menudo, no por otra cosa. Y aunque nunca sean despedidas de verdad, algún día podrían serlo. 
Me despido de las miles de razones que he ido acumulando sin esfuerzo alguno, porque si ellas no se van, lo haré yo. Me despido especialmente de mi razón número uno, esa que dice "las cosas son lo que parecen". 
Efectivamente, las cosas suelen ser lo que parecen, porque ¿qué hace una cosa fingiendo ser otra? 
Me despido de las noches en vela, definitivamente no me harán falta. También me despido de todos esos pensamientos que embarcaron en mi vela durante esas mil y una noches en el infierno... Quizás no debí decir infierno, porque no hacía calor.. todo era ceniza y frío, muchísimo frío. No fue tan malo, después de todo... era yo la que regresaba ahí cada noche. Sé que en el fondo me gustaba ir, y siempre me preguntaré el por qué. 
Me despido de las luces de neón, de los tacones, de las bolsas de hielo y las botellas. Me despido de ir gastando la vida que no tengo, de ir tropezando con la misma piedra... Aunque de la piedra no me despido, sé que lloraría y que si la dejo tropezaré con otra. Prefiero sujetarla muy fuerte entre mis manos, para no dejarla escapar y así evitar que me haga volver a caer. 
Prefiero no tener que despedirme de nada. Prefiero dejar de escribir esto y, sobretodo, prefiero dejar todo en su sitio... y que la inercia mueva la piedra que la gravedad puso en mi camino. 

Prefiero decir hasta luego.

Karen.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Como un perro Pávlov.

Si me dices ven, te diré que no seas estúpido y que regreses. 
Como lluvia ácida sobre el tejado y una plaga de los mil demonios, o como un rifle sin su guerra y una lágrima seca. Así te sientes cuando tienes que retomar antiguas malas costumbres.
Llevas casi dos días pensado sobre ello, los somníferos ya ni funcionan y la música vuelve a caerte mal. Pero sigues en tus cabales, ya no es como antes, cuando morías a diario y de noche te suicidabas.
Es un dolor como de déjà vu, ¿me explico?
Te lías un cigarro y descorchas una botella (etc) ...Escuchas su teorema y lo aplicas a tu problema. Hay que ser simples, responder al estímulo...como un perro Pávlov.

Karen.

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Soy yo, o me lo parece a mí?

Se trata de salir a la calle, de salirbeberelrollodesiempre y etc. Se trata de pisar a fondo el acelerador y que no haya nadie en el asiento de atrás del coche. De llegar a una estación de tren y pedir dos billetes de ida y ninguno de vuelta. Se trata de morirte un poco si hace falta; de revivir cada noche, en tu espalda.
Se trata de mezclar azúcar con sal.
Se trata de tocar las cuerdas hasta desafinarlas, de caer poco a poco en la locura y de no querer levantarse.
Se trata de respirar por gusto y no por necesidad.
¡Oh, por Dios! Se trata de morir con un cartel que diga demasiado tarde.
Es demasiado pronto para irnos a dormir, ¿o me lo parece a mí? Demasiado tarde para cuentos que me invento... Dicen los poetas que ¡qué poco dura la primavera! yo digo que les jodan y que a mí, lo que me mola, son las fresas con crema. Pero oye... que haya paz.
¿Me lo parece a mí o el amor ya no viene con forma de besos? ¿Qué fue de los ojos que se tocaban a escondidas, y que entre parpadeo y parpadeo, te robaban un beso? Me parece a mí (o soy yo) que el amor ahora es cosa de copas y luces, y con suerte dura hasta el amanecer. Soy yo (o me lo parece a mí), pero creo que el momento de los besos y el sudor ha perdido los besos y multiplicado el resto... que el guiño de después se esfumó, como lo hizo el amor y sus zapatos de tacón.
Se trata de confundir la prosa y la poesía... de saber que el amor, ya no es ninguna guerra.

Haced del amor una guerra, y de la guerra... amor. Karen.

viernes, 24 de agosto de 2012

Los besos se dan por la noche.

Cuando algo increíble pasa una vez, es una casualidad digna de encerrar en una de esas bolitas de cristal donde siempre está nevando, de esas que venden mucho en navidades. Es una cosa que si pasara de nuevo... no sería tan increíble, y por eso mismo nunca ocurre.
Cuando el destino se pone a jugar y de pronto te ves protagonista de una hermosa cadena de coincidencias increíbles... empiezas a creer en algo. De pronto tienes frente a ti varias de esas bolitas de cristal, todas diferentes. Eres feliz. Entonces empiezas a sospechar. Tiene que haber una explicación para cada coincidencia, ¿no?
Cuando te acostumbras a lo increíble, cuesta trabajo no creer que todo lo que te ocurre es parte de un ingenioso y elaborado plan para que seas feliz. Pero ya se te hace extraño, sospechas aún más, un nudo se te instala en la garganta llenándose de bilis, tus lagrimales entran en sequía, la boca chirría al intentar hablar... Y cuando los besos sólo son por las noches, es una puta coincidencia. 

Karen.

martes, 14 de agosto de 2012

Y luego...¿qué?

Lo más bonito de mentirte es que sabes cuando lo hago, y que finges que me crees, y que yo hago como si me hubieses creído. Todo está en perfecta armonía; una esfera platónica que gira, víctima de la inercia. Mirarte a los ojos y no poder quedarme callada, sentir cómo el silencio teje su telaraña y nos distancia, y aliviarme cuando te das cuenta, cuando soplas y la telaraña pierde consistencia. 
Hacer sólo lo que odio, y no decir las cosas que me apetece decir... Decir no innumerables veces y arrepentirme unas infinitas veces más. Pero a veces soy demasiado valiente, y con mi espada de madera pretendo hacer mella en tu corazón de hierro... tatuandote ese que no paro de repetirme en sueños. Sueño que pierdo. Entonces me hundo en el hormiguero, y me enfrento con gente de mi tamaño.  
Lo más bonito de perderte será lo que escriba los días siguientes, porque alguien dijo alguna vez que sin tristeza no hay poetas. Y aunque no sea poeta, perderte será una tristeza muy bonita. Te recordaré como el que me enseñó a escribir, como el señor que me hace llorar si llora, y como el imbécil más simpático que he conocido jamás. Seguramente me recuerdes por esto, y sólo por esto... que, al fin y al cabo, es una mentira más. 
Pero dime: ¿qué pasa luego? ¿qué viene después del punto y final? 

Karen.