Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

lunes, 22 de octubre de 2012

No vas a tener una vida en tu puta casa.

¿Cómo va el rollo ese de vivir? me pregunté mientras me quemaba los labios apurando lo último de mi cigarro mal liado. Tuve que liarme otro mientras meditaba la pregunta. Y, al girar la ruedecita del mechero, empecé a divagar buscando alguna respuesta no tan absurda. Lo primero que se me vino a la mente fue que estaría bastante bien encontrar una buena respuesta, y que debería ponerme a estudiar en este mismo instante. Seguidamente decidí no escribir sobre esto. Lo mejor será que deje de poner por escrito todo lo que pienso, me repetí cuatro veces al ritmo de las caladas. Y para cuando me quise dar cuenta, me había fumado el segundo cigarro antes de llegar a alguna conclusión. Quizás lo único que necesitaba era una buena jarra de cerveza, o quizás algo un poco más fuerte (o mucho). 
Luego pasaron unos cuantos minutos en los que, asombrosamente, no pensé en nada. En nada de verdad. ¡Oh, es increíble! Es como olvidarte de todo, de que respiras, de que tienes un cigarro entre tus dedos, de la gente que pasa por la acera de enfrente, de todas las canciones que has oído esa mañana. Es olvidarte de qué hora es, de dónde estás, de con quién y de cómo. Se trata de ocupar un espacio-tiempo y olvidar que eres humano. 
Pero claro, regresas a ese frío banco y te frotas las manos en un tímido intento por entrar en calor. Abres el libro por la página en la que habías dejado de leer y olvidas aquella pregunta estúpida que te habías hecho.

Karen.

lunes, 15 de octubre de 2012

Tengo una meta y varias metadonas.

Necesito un abrazo. Es así de simple, así de básico e instintivo. ¡Un abrazo! Sin florituras, ni hojarasca, ni adornos de navidad. Necesito un abrigo y guantes a medida.
Y mientras espero a las rebajas de invierno, tengo un plan. No es un plan demasiado efectivo -desde luego que no pagaría por él- tiene multitud de defectos y de efectos secundarios perjudiciales, pero... Necesitaba un plan, y sólo tenían ese. (Ahora entiendo por qué nadie lo compra).
Mi plan es simple, consta de una sola acción. Pero la acción es complicada. El punto es que mi plan necesitaba un abrazo, y yo se lo he dado.
Entre otras cosas, tengo nitroglicerina para el resfriado. Y aunque suene absurdo, funciona. Y aunque lo que escribo nunca tenga sentido más allá de las conexiones gramaticales y aunque probablemente sólo yo me entienda... ¡Feliz verano!

Karen.

viernes, 12 de octubre de 2012

Serendipity.

Entonces aparece alguien más infeliz que tú, y te sientes mal por haber creído que no eras feliz, por haber gastado tiempo y neuronas,  por haberte dejado las pelas en el bar de la esquina, por hacer llorar la guitarra y por... bueno, en fin, por creer que la luna era de queso.
Pero no puedes evitarlo, y sigues llorando.

Y mientras eso, se te ocurren miles de hipótesis inútiles. Intentas desesperadamente no olvidar ninguna de ellas mientras te las ingenias para diseñar experimentos que corroboren por lo menos alguna de tus ideas. De pensar en tantas cosas a la vez, acabaste por rendirle cuentas al sueño. Y pf, la verdad es que debería ser al revés.

Luego todo se va a la mierda.

Entonces aparece alguien por sorpresa. La verdad es que no tienes ni puta idea de quién es, pero llegó justo cuando debía... y eso no puede ser casualidad. ¿No?

Karen.


viernes, 5 de octubre de 2012

Habituación.

Tengo demasiado sueño como para escribir, pero desde hace días que... Demasiadas ganas de ir a dormir, pero me da miedo que...
Y ya no tengo demasiado de nada más. Pero tengo un poquito de paciencia, de sonrisas cuando estoy triste, de cerveza en mi nevera, un poquito de libertad y también un poquito de ganas de tener más. ¡Ah! y a veces tengo (hmmm) mucho ruido.
Tengo un nunca atorado en las neuronas eferentes y nunca hago nada... si no es porque es viernes, es porque es jueves, y si no, porque es miércoles, o martes o lunes. Porque tengo entendido que los sábado y domingos no se hace nada.
Tengo pesadillas para cada momento del día, de la noche, de la madrugada y a veces, de la tarde. Y no es que duerma mucho, ¡qué va!
Tengo nada y todo en el mismo bolsillo. Y si tuviese que elegir, me quedo con tener nada.
Sigo sin saber que escribir... yo sólo espero quedarme dormida antes de empezar a escribir de verdad... Cuando la prosa se hace poesía y las construcciones gramaticales dejan de tener sentido más allá de tú, más allá de yo, más allá de nosotros, de ellos, de vosotros. Cuando al final de cada fase no sabes qué más decir, porque ya lo has dicho todo, aunque sigues con esa estúpida sensación de que estás perdiendo el tiempo, porque... bueno, porque en verdad no has dicho nada.
Tengo prozac, por si me olvido de ser feliz.

Karen.

¡Vaya por Dios! Siempre escribiendo de lo mismo, eh.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

A decir verdad...

¡De esto que estás en la cama y te entra un sueño tremendo! Bueno, luego se acaba, son las cuatro de la mañana y te encuentras mirando al techo como un estúpido porque no te sale nada bien, porque no eres capaz ni de dormir si te da la gana y porque...bueno, porque eres estúpido, sin más.
Poco después el sueño regresa.... ¡Ay! pobre infeliz. Al final siempre regresa... por más insultos y maldiciones que haya hecho. ¿Será amor?
¡Será cabrón! Ahora me vuelve a dejar. Pero luego regresa, claro. Jugamos al pilla-pilla y al escondite durante toooooda la madrugada. Cómo me agota, jo. Si esto no es amor, me rindo.
A decir verdad... dispongo de más horas productivas que esos que duermen más de cinco horas diarias. Y a decir (más) verdad... las aprovecho peor.

Buenas noches.
Karen. 


martes, 18 de septiembre de 2012

A esta época de mi vida la llamaré...

De pronto sonó la estúpida alarma. De nuevo había olvidado que la había puesto. Maldita zorra. Mi corazón dio un saltó de gigantes y casi que veo cómo se me sale del pecho, por suerte es físicamente imposible, pero temo otro infarto. Sí, otro. Los infartos y yo vamos juntitos de la mano, tomamos una magdalena en el Starbucks de Callao, nos contamos mentiras y dormimos en camas separadas. Tenemos una relación especial de amor-odio y la verdad es que nos iba bastante bien, hasta que mi médico de cabecera me aconsejó una vida con menos sobresaltos y decidí que era hora de dormir por un tiempo. Bueno, me puse mis zapatos de dormir, conecté la alarma y por una vez en mi vida...dormí a gusto y feliz. Soñé pocas cosas pero ¡vaya! las volvería a soñar dos y dos mil veces.
Las cosas se complicaron y me fui haciendo parte del sueño, ya no distinguía la realidad de la mentira y... ¡joder, era una problema de importancia! Pero... ¿sabéis una cosa? No quería despertar, fue la estúpida alarma. 
Lloré. Quizás demasiado, pero es que el susto fue tremendo. De pronto me vi en mi cama, mirando el techo y con sed, preguntándome qué coño había hecho con mi vida durante ese tiempo y respondiéndome un sencillo "nada, pero ¿a que has sido feliz?". De pronto sólo quería un abrazo.
A esta época de mi vida, la llamaré puta zorra.  

Karen.