No me he despedido de ninguna manera, pero ese aire nostálgico me resultaba demasiado premonitorio, y cuando vi que alguien se alejaba, supe que era una despedida. Es una de esas veces en las que te vas sin hacer el equipaje, cargando sólo con ese nudo mal atado de la garganta que pretende retenerte las lágrimas.
Entonces comprendí que mi vida no son las páginas de un bonito libro, pero los días pasan igual que las hojas de uno cualquiera.
Me recuerdo a mí misma, un día, sentada en el suelo del autobús, leyendo un libro cogido de la biblioteca (que eso tampoco era para siempre), con el pelo cubriéndome los ojos porque la noche anterior no había podido dormir y pensando en todo menos en lo que estaba leyendo. Ahora pienso que ahí empezó todo, realmente.
No diré eso de "tampoco es para tanto", porque sí lo es, ¿vale?
No me he despedido porque no he querido (tampoco tengo el valor necesario), pero si me obligan... he de hacerlo. De todas maneras, no me despido con un adiós porque sé que la vida son tres estúpidos ciclos que se repiten insanamente hasta la muerte. Y porque... tengo que aprender a reír con los recuerdo bonitos, en lugar de llorar por todos, y porque un hasta la vista es bastante esperanzador.
Paz, Karen.
Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.
Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.
domingo, 13 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
La paz de un vaso vacío.
Tengo los pensamientos cubiertos de cenizas; y las cenizas, aunque sean de colores, siguen siendo tristes.
Tengo los pensamientos llenos de rayas, y si no son blancas no es divertido.
Tengo los pensamientos desordenados de tanto ordenarlos. ¡Maldita entropía!
Tengo los ojos rojos por no tener pensamientos en blanco.
Karen.
lunes, 7 de enero de 2013
Cuando la paz pende de un hilo.
De tanto tirar la cuerda, un día se romperá y me daré de bruces contra el suelo. Luego de un tiempo prudencial de dos horas aproximadamente (lo he calculado), dejaré de quejarme de lo que duele y volveré a atar la cuerda -que ya tiene tantos arreglos que qué sé yo- y seguiré tirando, con más fuerza cada vez. Este proceso se repite incontables veces, y soy consciente de ello. Por eso una vez opté por quedarme en el suelo y no levantarme más, pero no me gustaba pretender que eso era lo que quería. Por eso opté por cambiar de cuerda, o por aflojar y dejar que tiraran de mí...pero parecía que nadie había al otro lado. Al final siempre acababa cayéndome o cansándome de tanto tirar.
Mi nueva estrategia es no tirar, sólo sujetar la cuerda en perfecta horizontalidad; pero la costumbre me puede la mayoría de las veces y sigo tirando.
Esta metáfora tan enrevesada es más simple de lo que parece.
En el fondo sigo esperando que tiren de la cuerda.
No sé para qué me hago estrategias nuevas si no las voy a cumplir.
Todo está muy bien, pero siempre he deseado una máquina del tiempo.
El problema es que no sé estar sola a pesar de nunca haber estado acompañada.
Sueño con hacer un maldita soga con esa maldita cuerda y... y.
Al final siempre escribo como si fuese infeliz, aunque...aunque escribir es mal síntoma.
Estar triste es muy fácil.Y sin motivos, ¡más aun!
La paz se me empieza a agotar, y lo noto. Nunca debí definir la paz, nunca debí darle las llaves de la cajita donde guardo la paz a nadie. Y nunca muchas cosas más, claro.
Paz es todo. Y me da igual lo que tenga que hacer para conseguir un poco.
Bueno, ya han pasado dos horas...Marcho a seguir tirando.
Karen.
domingo, 6 de enero de 2013
Si llevas un diario, NUNCA lo releas. Es consejo.
Yo escribiría aquí todos los días. No lo hago porque, extrañamente, no quiero resultar pesada....aunque sé que nadie os obliga a leerme. Es una movida muy rara. Pero tampoco lo hago porque no tengo nada especial que contar.
Buenas noches.
Karen.
Buenas noches.
Karen.
viernes, 4 de enero de 2013
I don't have a gun.
...y gracias a Dios que no, porque la usaría. Una vez. Quizás. No.
Cada noche estaría bajo mi almohada, matando a cada sueño que se atreva a molestarme mientras duermo. La cargaría con balas perdidas y la acariciaría mientras contemplo mi traslúcida vida, llena de fantasmas que esquivan disparos. Prometería llevarla siempre conmigo, por si un día me da por rendirme. Creo que hasta le pondría un nombre y le explicaría cosas de la vida que ni yo misma entiendo, pero aun así lo haría porque es mi deber. Y aún a sabiendas de que no debo presionar su gatillo, me pasaría el día rozándolo y pretendiendo que soy mayor (mientras me fumo un canuto, por eso de la imagen). Tendría que aprender a controlar mi rabia (defendiendo la alegría) para no tener que pedir perdón después. Casi que sería divertido ver cómo la gente se aparta de mí; esta vez con un motivo tangible. Y digo divertido porque al reír también salen lágrimas y mola más.
Si tuviese una pistola no me daría miedo la luz, pero la oscuridad seguiría quitándome el aliento. Sé que lo sabéis, pero es mi deber aclarar que: oscuridad es metáfora. De las grandes, de esas que abarcan tantas cosas que no pueden explicarse usando otra palabra. Una metáfora a la que, si pudiera, dispararía si tuviese una pistola. Aunque bueno, la oscuridad sin metáfora también me da miedo. Por eso no cierro los ojos durante demasiado tiempo, y por eso a veces me cuesta dormir. Supongo.
I don't have a gun, pero tengo un diccionario.
Karen.
Cada noche estaría bajo mi almohada, matando a cada sueño que se atreva a molestarme mientras duermo. La cargaría con balas perdidas y la acariciaría mientras contemplo mi traslúcida vida, llena de fantasmas que esquivan disparos. Prometería llevarla siempre conmigo, por si un día me da por rendirme. Creo que hasta le pondría un nombre y le explicaría cosas de la vida que ni yo misma entiendo, pero aun así lo haría porque es mi deber. Y aún a sabiendas de que no debo presionar su gatillo, me pasaría el día rozándolo y pretendiendo que soy mayor (mientras me fumo un canuto, por eso de la imagen). Tendría que aprender a controlar mi rabia (defendiendo la alegría) para no tener que pedir perdón después. Casi que sería divertido ver cómo la gente se aparta de mí; esta vez con un motivo tangible. Y digo divertido porque al reír también salen lágrimas y mola más.
Si tuviese una pistola no me daría miedo la luz, pero la oscuridad seguiría quitándome el aliento. Sé que lo sabéis, pero es mi deber aclarar que: oscuridad es metáfora. De las grandes, de esas que abarcan tantas cosas que no pueden explicarse usando otra palabra. Una metáfora a la que, si pudiera, dispararía si tuviese una pistola. Aunque bueno, la oscuridad sin metáfora también me da miedo. Por eso no cierro los ojos durante demasiado tiempo, y por eso a veces me cuesta dormir. Supongo.
I don't have a gun, pero tengo un diccionario.
Karen.
martes, 1 de enero de 2013
Viajar en tren, en metro, en bus, en barco, en bici.
Lo importante es viajar.
"A veces me dan ganas de subir a un autobús y no bajar nunca más."
Quizás suenen violines y empiece de pronto a llover, pero esa frase no pretendía ser aguafiestas. No es melancólica ni nostálgica, ni siquiera quiere llorar. Esa frase está a favor de los caminos unidireccionales. Porque no hay nada mejor que saber hacia dónde vas, tener algo que leer en el camino y hacer un par de paradas para reponer energías y experiencias, sin olvidar hacia dónde vas. Eso es lo importante, saber que las paradas han de ser breves, lo justo para que te de tiempo de hacer algo que puedas contar luego a pies de una bonita chimenea, cuando llegues por fin. No debemos olvidar que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad, pero a mí que no me toquen los cojones, si estoy en una sala de espera será porque estoy esperando algo y como mínimo debe ser mejor que lo anterior. Así que vale, de acuerdo, el camino es importante, pero no demasiado. Y este es el error humano más común, darle demasiada importancia al camino (porque alguien lo dijo una vez en la televisión, y debe ser cierto). No. Lo importante es ese momento al que no le dedicaste mucho tiempo; cuando, de pie en medio de tu habitación, pensaste que el medio de transporte era lo de menos y elegiste el primer destino que se te ocurrió (que casualmente, era el más barato). Pero, sea como sea, al final todo el mundo llega.
Incluso hay algunos que se salen del rumbo, y los ves corriendo tras el autobús pidiendo segundas y terceras oportunidades. Esos me caen simpático, y me río de ellos porque una vez me hicieron lo mismo a mí. Rencores a parte, todo el mundo llega.
No sé vosotros, pero yo voy en tren. No sé muy bien por qué pero al menos sí sé a dónde voy.
Karen.
"A veces me dan ganas de subir a un autobús y no bajar nunca más."
Quizás suenen violines y empiece de pronto a llover, pero esa frase no pretendía ser aguafiestas. No es melancólica ni nostálgica, ni siquiera quiere llorar. Esa frase está a favor de los caminos unidireccionales. Porque no hay nada mejor que saber hacia dónde vas, tener algo que leer en el camino y hacer un par de paradas para reponer energías y experiencias, sin olvidar hacia dónde vas. Eso es lo importante, saber que las paradas han de ser breves, lo justo para que te de tiempo de hacer algo que puedas contar luego a pies de una bonita chimenea, cuando llegues por fin. No debemos olvidar que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad, pero a mí que no me toquen los cojones, si estoy en una sala de espera será porque estoy esperando algo y como mínimo debe ser mejor que lo anterior. Así que vale, de acuerdo, el camino es importante, pero no demasiado. Y este es el error humano más común, darle demasiada importancia al camino (porque alguien lo dijo una vez en la televisión, y debe ser cierto). No. Lo importante es ese momento al que no le dedicaste mucho tiempo; cuando, de pie en medio de tu habitación, pensaste que el medio de transporte era lo de menos y elegiste el primer destino que se te ocurrió (que casualmente, era el más barato). Pero, sea como sea, al final todo el mundo llega.Incluso hay algunos que se salen del rumbo, y los ves corriendo tras el autobús pidiendo segundas y terceras oportunidades. Esos me caen simpático, y me río de ellos porque una vez me hicieron lo mismo a mí. Rencores a parte, todo el mundo llega.
No sé vosotros, pero yo voy en tren. No sé muy bien por qué pero al menos sí sé a dónde voy.
Karen.
23:55
Tengo 5 minutos para escribir una entrada antes de que deje de ser primero de enero oficialmente y sólo se me ocurre una cosa que decir: i win.
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