Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

lunes, 18 de febrero de 2013

Soy un cuadrado.

Soy las cuatro esquinas de mi cama, la grieta con techos, la almohada llenita de sueños que no dan sueño y el frío infernal que por la mañana entra por la ventana. Soy un pensamiento bilateral y un índice de significación mayor que 1, un sin fin de números extravagantes sobre la pizarra y tres incógnitas y media. Soy múltiplo de cero. Soy los callejones sin salida a las cuatro menos cuarto de la mañana, el vaho de tus intentos de querer decirme algo, el tren que llega sin servicio y el enfado pasajero. Soy lo que queda en el fondo del quinto cubata. Soy una (cerveza) más, lo juro. Soy mis pasos torpes y una escalera...mis manos y el gatillo, un adiós y un hasta luego.
Karen.

domingo, 17 de febrero de 2013

Sólo conozco una canción.

Tenía una bala perdida -hecha a mi medida- y se me perdió, pero sigo teniendo mil historias encerradas en canciones que no son mías. La perdí en la guerra; tuve que usarla para para salvarme y sin embargo... muero.
Morir no estuvo tan mal, pero luego reviví, como por arte de magia, y todo se volvió triste y decadente. De todas formas doy gracias por seguir con vida porque dicen que la guerra está por acabar, y... sea cual sea el bando vencedor, me alzaré y gritaré que mereció la pena. 
Karen.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Yo pido que pidas.

Si pides amor, te lo darán; y si no lo pides, quizás. Pero pedir es difícil y todos queremos que nos pidan.
Los que nos cansamos de esperar y empezamos a pedir, lo pasamos putas porque pedir es agotador. Si siempre pides, nunca sientes esa satisfacción de sentirte querido, echado de menos y apreciado; nunca sientes esa sensación de ser importante y necesario. Y todos sabemos que esa sensación es la mejor de todas.
Bueno, entonces dejamos de pedir, cerrando este estúpido círculo vicioso sin escapatoria. Pero esperar también es agotador, ¿verdad?
Si me lo pides, te daré eso y más. Y si no lo haces, también.

Karen.

martes, 12 de febrero de 2013

Sólo nos pido paz.

Estoy procurando no volver a escribir en segunda persona, pero... Argg. Intento no salirme del guión, de al cerrar los ojos no ver nada y de escuchar música no sólo cuando estoy a solas, ya sabes. También intento no escribir demasiado triste, pero me he puesto a leer lo que escribía antes y...¡vaya!

Antes todo era como flores de porcelana, con un deje de falso. Demasiado brillante, pero precioso. Antes me gustaba, pero tenía miedo. 
Ahora todo es como de cemento, completamente real. Demasiado gris, demasiado duro, demasiado triste. Ahora me sigue gustando, pero el miedo es diferente. 

Escribir en primera persona es como ir a un bar y contarle tus penas al barman entre birra y chupito. Ni te escucha ni le importa una mierda lo que le cuentas, ni tú te sientes aliviado al salir del bar a las cuatro de la mañana dando tumbos. Así que volveré a las andadas y a escribir en segunda persona, a hacer como si le escribiera a alguien y sentir que el tío del bar me escucha y comprende. A pisar el acelerador sin remordimientos y ser feliz porque...bueno, sólo porque sí. A escribir versos de agua y fundirme con ellos, y a llorar ¿por qué no? hasta quedarme dormida. A retroceder miles de pasos, sólo por el placer de sentarme a escribir, luchando por ver lo que escribo a través de mi propia lluvia. Volveré a ser yo, a que me importen las cosas y mentir diciendo que no, a fingir alegría e indiferencia. Volveré al principio de todo, porque los principios siempre son más bonitos que los intermedios, y de los finales ni hablar. 

Karen.

lunes, 11 de febrero de 2013

domingo, 10 de febrero de 2013

Historia de un error.

Me gustaría ponerme a escribir un día, después de muchísimo tiempo sin hacerlo, y sólo ser capaz de decir mereció la pena. 
No estoy segura de qué estoy sacrificando, haciendo o intentando, pero sé que me gustaría que fuese por algo, porque las cosas que hago en vano nunca me han sentado bien. Aunque la verdad es que nunca he sido de hacer muchas cosas. Con gran pesar, he de admitir que se me va la vida por la boca, y que creo firmemente que si deseo algo...no he de hablar sobre ello para que se cumpla. Sin embargo, hablo de todo lo que deseo, porque no puedo evitarlo y al final acabo perdiendo. No es que sea supersticiosa, la experiencia me ha enseñado. Será que me gusta perder, digo yo.
No me estoy autocompadeciendo. Simplemente, es mi manera de decirme ¡BASTA YA, REACCIONA, CAMBIA! para luego no hacerme ni puto caso y volver a las andadas...me conozco. De todas formas a quién le importa.
La vida son cuatro birras y un tango descompasado, manos vacías, ganas de perder y una botella medio llena. Es un cúmulo de leyes físicas y neutransmisores, un sin fin de posibilidades y un cometa atado al suelo. La vida no es más de lo que aparenta, y aparentemente no sé qué coño es.

Karen.

lunes, 4 de febrero de 2013

Siempre hasta la vista.

Lo que más odio de viajar es hacer el equipaje. Meter todo en un espacio aparentemente pequeño y luego irme...sin más.
No hace falta irse muy lejos, de hecho...no hace falta moverse. Tampoco hace falta tener maletas ni ropa que meter.
Lo que más odio de viajar es prepararme para el viaje (porque los únicos viajes que molan son los ilegales).
Quisiera no tener que viajar nunca y sin embargo, lo hago demasiado a menudo. Vivo entre despedida y despedida, y sólo agito la mano de derecha a izquierda indiferentemente hasta que se cierran las puertas del vagón y ya entonces se me salen las lagrimillas. Porque se supone que soy una tía dura, y llorar no va conmigo. Se supone que no me importa nada, que practico la ataraxia, que todo lo perdono y que siempre tengo la culpa de todo. Se supone que no debo suponer, pero ya es un hobby.
Lo que más odio de viajar es llegar al sitio nuevo y darme cuenta de lo mucho que me gustaba el sitio anterior. Y tener que regresar otra vez porque soy incapaz de pensar en otra cosa.
Lo que más odio de viajar son las noches sin dormir.
Si viajar no fuera tan fácil, no lo haría nunca y pretendería crecer en un sólo sitio, echar raíces y quizás alguna flor. Pero cuanto antes asumamos lo que hay, menos tiempo perderemos en intentar cambiar lo que no se puede cambiar.
Lo que más odio de viajar, es tener que hacerlo sola. Aunque de todas formas, siempre regreso.

Karen.
Tranqui, que estoy muy bien.