Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

domingo, 3 de noviembre de 2013

nada

No quiero ponerme a escribir, porque escribir es sinónimo de todo lo que odio (pero también, de todo lo que más he querido). Y sin embargo, ¡me apetece tanto!

Tras la primera línea pienso que aun estoy a tiempo de parar, porque sé que cuando lleve medio párrafo no habrá quién me detenga y... joder, me encantaría que me detuvieses. Tras la segunda -y la tercera y la cuarta- me olvido de pensar (cómo si de verdad pudiera hacerlo) y siento cosas que seguro que son ilegales.
Fuera, a la luna se le ve el ombligo, suena la estúpida canción que nunca debí escuchar, y a lo lejos -aunque no tanto- alguien grita que fue culpa mía.

No quiero, porque hacerlo significa que sigues ganando a pesar de que abandoné la partida justo cuando empecé a creerme que iba ganando yo. Y no es justo; pero sigo escribiendo porque es como si, al hacerlo, te pusiese en jaque mate sólo con un peón de mierda.
Dentro, nada nos hacía más felices que un montón de canciones tristes, una maleta sin equipaje, y un saber que la mejor decisión es la que nunca se toma.

Tras todo esto... Las malas costumbres empezaron siendo buenas.
De ti me quedo (porque quiero) con lo único que merece la pena: nada, y las ganas de escribir.

Karen.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Insight.

Se me escapa un querer decirte algo y no decirlo mientras corres en dirección contraria y yo te dejo ir... porque sí, porque si te digo que no, no te quedas, porque si te digo quédate, te vas minutos después.
Se me escapa un ¡déjame en paz! cuando decides deshacer pasos y regresar. Se me escapa un futuro que nunca tuvo futuro.
Se me acumulan las despedidas, las estúpidas justificaciones y las latas de cerveza.
Lo siento.
Cada vez que reparo en lo que me he convertido, te culpo a ti porque eres lo primero que se me viene a la mente, porque sé que lo aceptarás aunque no sea cierto y porque... bueno, ya sabes.
Se me escapan los años en las palabras, te miro me miras, me muero te matas.

Karen.



lunes, 7 de octubre de 2013

A mi espinita del corazón.

La verdad es que no sé en qué coño pienso, ni por qué hago lo que hago; pero supongo que a todos nos pasa algo parecido.

Ya me hacía la idea, pero fue una noche no muy fría de otoño cuando me di cuenta de la espinita que tengo clavada en el pecho, de ti. Venía yo de hacer cosas que no están nada bien y te miré como se mira a las cosas que se miran por primera vez; sentí un ligero déjà vu con sabor a cebada, sentí un cierto olor ferroso y el dolor de algo punzante en el pecho. Te miré y supe que aunque contigo duela, sin ti duele más. Fue como un pequeño desastre natural dentro de mi cabeza, un ¡mierda! escrito con carmín en el espejo de un lavabo, una certeza vestida de certeza... Un adiós mal escrito en un papel de liar.
Sé que no te irás (tampoco lo quiero). Huir no es la solución.
Nada de esto es triste; por lo contrario, es lo más bonito que pudo pasarme nunca. Sólo deseo ser la espinita de alguien, y una noche de otoño (o cualquier otro día) darme cuenta y dejar de hacer daño.
Sólo deseo hacer lo que me han hecho, por puro y sincero egoísmo.
Karen.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Malditas musas.

Yo... yo no escribo poesía, yo sólo... solo.

Una vez leí -o alguien me dijo, poco importa- que el amor de tu vida no tiene por qué ser la persona con la que acabas formando una familia, que vida sólo hay una y que por ende, sólo hay un amor de tu vida.
En otra oportunidad leí que "si encuentras al amor de tu vida a los 20 años, huye", huye muy lejos y regresa cuando sepas que, definitivamente, ese es el amor de tu vida.

Yo encontré al mío demasiado pronto, antes de saber que debía huir, y me quedé. Me quedé muy fuerte, tanto que ya no pude irme nunca más.
Las putas musas saben hacerse querer.
Yo, yo tengo una musa, un muso..un puto incordio. Tengo una estúpida voz que me hace odiar, me. Yo tengo lo que siempre quise, lo que nunca... Lo que nunca, NUNCA NUNCA, creí que odiaría. Te tengo a ti, musa, muso, incordio.
Karen.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cartas suicidas.

Me gustaría reinventarme otra vez. Empezar de 1 y construirme en base a. No quiero arquitectos ni nadie que me diga que si me tuerzo demasiado, me caeré indudablemente. Tampoco quiero fallar.
Me gustaría que los viernes no existieran, que las balas no fuesen palabras -ni nada- y que con los silencios se hablase de cosas importantes.
Quizás pido demasiado, pero me parece importante destacar que el mundo se está yendo a la mierda, y que nosotros nos vamos con él.
Me gustaría una tarde en el café, con un libro, una sorpresa y un "quiero, quiero y mil veces, a ti" escrito al revés de una servilleta. Me gustaría un portal a las tres de la mañana y un "quédate, que es pronto".

Los deseos no hacen tanto daño como creen muchos. Soñar mucho a veces es bueno, y a veces fatal. 
Las palabras suicidas no mueren, hacen morir. 

Karen.

viernes, 20 de septiembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

La vida me ha hecho llorar.

No siempre ocurre, pero a veces me arrepiento de no haber muerto aquel día. 
Aquel día no tuvo nada que merezca la pena ser recordado, y por eso a penas recuerdo que pasó de verdad. Aquel día pude morir rodeada de risas de gente desconocida, sola -como ahora-, y sin haber vivido todo lo que viví después, pero... Hubiera muerto feliz, lo sé.
A veces me pregunto por qué no fue así, por qué sigo aquí, y me odio por no saber apreciar todas las cosas que tengo. Parece que sólo me gustan las espinas, los puñales y todo lo que perjudique.
Tengo un problema; es pequeñito y lo tengo clavado en el corazón. 
No es fácil. Quizás no lo intento con suficiente fuerza. Probablemente sea culpa mía.
Cuando la vida me hace llorar, la mando a la mierda y le echo en cara que aquel día se apiadó de mí.
Hoy necesito que me recuerden que la vida también tiene cosas que merecen la pena, que no todo fue malo. Hoy necesito que sea aquel día otra vez y dejarme morir, porque quizás era eso lo que tenía que pasar.
No es normal.
Cada día es una historia diferente, con los mismos malos actores y el mismo final de mierda. ¡Mierda!
Nadie me dijo que ser bueno es bastante malo; y ahora pago las consecuencias de no haber pecado, siendo la mejor con los peores, y la peor con los que merecen la pena.
No siempre ocurre, pero hoy me arrepiento de no haber dicho adiós.

A veces me arrepiento de no haber muerto aquel día.
Karen.