Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.
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miércoles, 17 de agosto de 2011

Las letras también sienten.

¿Qué vas a saber tú?
Estás leyendo desde tu cómodo sillón, o desde tu molesta silla de oficina, o tal vez desde tu cama mientras buscas el sueño. Estás leyendo la pantalla.
Todas las letras van iguales, sin moverse (firmes), como si temieran ser borradas si no se comportan y se dejan leer. Pero ahora, yo leo el papel. Leo los altos y los bajos de cada línea, siento el apuro de mi mano al no poder ir tan rápido como las ideas. Veo las "o" sin acabar, las letras que van juntas, y las que deberían estarlo. Los tachones, los espacios en blanco cuando los pensamientos se dan a la fuga. 
En fin, lo que quiero decir es que las letras también sienten. Y si no lo entiendes, lo siento por ti.

"a", así, grande, redonda (llena de todo), Karen. 

lunes, 15 de agosto de 2011

No hay título.

Admito que aveces me asusta el "toc toc" que resuena en mi habitación (MI habitación) cuando llaman a la puerta, o, más frecuentemente, a mis ventanas.

Admito que, aunque me gustan las cosas claras, siempre cubro todo lo que digo, lo que quiero decir, y todo lo pronunciable.
No me asusta el futuro, pero lo llevo tan presente que, de tanto pensarlo, lo gasto.
Admito que reprocho cosas que no aplico yo misma (ni pienso hacerlo).

Y, por todas esas veces que nunca hice lo que estaba deseando hacer (nunca he dicho lo que estaba deseando hacer), ahora soy sincera (al menos conmigo) y me juro por ti, que, si voy a vivir, que sea estando despierta.


No hay nota final, Karen.

domingo, 7 de agosto de 2011

El Tiempo siempre va a su bola.


No existe la realidad. En realidad, ahora estoy en un segundo detenido, viendo cómo pasa el tiempo, como todo da vueltas, como todo gira y crece a mi alrededor; y yo: sólo estoy aquí, dando mil vueltas en el mismo sitio.
Parece que el tiempo se ha tomado unas vacaciones. Es como si todo pasara a cámara lenta.  .   .  m  uy      le   nta   . 
No es que no me haya dado cuenta antes. No es como esos baldes de agua fría que dicen que sientes cuando caes en cuenta de algo. Es más bien como si alguien hubiera olvidado darle al “play” a esa película que estuvo mucho mucho tiempo en “pause”.
Es… ¿cómo decirlo? No se dice, se siente y punto.  Eso es, eso es lo que no hay que hacer.

-          ¿Y qué hay del otro lado?
-          ¿Al otro lado de dónde?
-          No sé, pero dímelo.

Es como si el tiempo se hubiera detenido al tiempo que yo cerraba los ojos, como si me hubiera quedado atrapada en un pestañeo. Entonces, como cuando tienes los ojos cerrados… sabes que hay algo, pero no sabes el qué.
Y, hablando de cosas que están pero no se ven… ¿Qué importa que no se vean? Igualmente están. Pero como si latieran a otro tiempo, en otro reloj.  Y ¿qué pasa con esas cosas que se ven pero no están, es posible? Tú te ves, te veo, te ven, te vemos. Pero nunca estás.
Vaya que sí. Todo es posible. (¡Suena a mentira!)
Bueno, que sí, que no sé muy bien de lo que hablo… pero sé una cosa. Sé que la sé, pero aún me falta verla.

¿Qué me dices? Nunca pasa nada.

El punto es que... es MI Tiempo, y te quiero regalar un par de segundos, Karen.