Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Gritos


Gritos escondidos bajo el corazón, ahogados en la garganta, encerrados en los ojos y haciendo daño. Gritos que se mueren por salir, y se quedan agazapados en la boca, hiriendo como espinas, prefiriendo sentir dolor a que volar y liberarse. Gritos  pequeños, tímidos pero valientes, que salen sin esconderse. Gritos susurrados, que desean salir y expandirse, pero se quedan cerca de un oído que escucha todo sin entenderlo. Gritos que van de boca en boca, que cambian y transforman su volumen, rozando el filo de la irrealidad. Gritos en oídos ajenos. Gritos en la tinta de una hoja, que se pierden bajo la lluvia, olvidados. Gritos desesperados. Gritos a todo pulmón. Gritos de liberación. Gritos de amor, encontrados, abandonados en la calle, sin dueño y sin razón. 

Gritad, Karen

jueves, 16 de septiembre de 2010

Se me acaba.

"Se me acaba la ilusión
Y las ganas de creer,
Sabiendo que siempre he de volver
A pensar en un corazón
Que bajo llave y mil candados
Está atado.
Se me acaban las palabras
Que demuestren lo que siento,
Ya no tengo remedio
Estoy muriendo, lo presiento.
Se me acaban las noches en vela,
Las canciones aquellas
Que tanto escuchaba
Y me hacían tocar las estrellas.
Se me acaban los suspiros
Que suelto cada vez que te miro,
A esos tus ojos hermosos
A esa tu sonrisa traviesa.
Se me acaba el corazón
Que sufre por tanto saber
Y se niega a aprender." 

Karen. A
Cansancio. Agotamiento. Pesadez.
Pensar y pensar y darle vueltas a todo. Que todo gira en torno a una idea, se reproduce y ramifica en miles de posibilidades. Que todo es un gran y enorme NADA. Que, aunque la realidad sea demasiado aburrida.. los sueños son pesadillas disfrazadas de aquello que más nos gusta.
!Malditos días extraños! Esos en los que todo hace daño, esos en los que los sueños se desbordan, caen, y se estrellan.. rompiendose en mil pedazos. Sentir que no tienes ganas de nada, que ni una sonrisa sale de tu cara. No tener palabras...

No tengais días así, Karen



jueves, 9 de septiembre de 2010

La memoria.


"La memoria sobre la almohada duele.
Los recuerdos están confusos y lastiman,
Siempre buscando algo que consuele.
Pero el dolor de un “quizá” arrima
Y es más triste que un “nunca pasará”
No poder no desenamorar
Ni dejar sus ojos apartados en un rincón desolado
Donde la luz, por precaución, no iluminará,
Manteniendo a ralla, un corazón callado.
La memoria sobre la almohada duele
Queriendo decir a tu mente que no vuele.
Pero llegados a este grado
Duele
Duele
Y duele…
Pero no te sientes desilusionado."
Karen. A

LA MEMORIA... esa cajita tan preciada que guarda recuerdos... recuerdos dulces, amargos... recuerdos que te hacen reír, que te hacen llorar, que te hacen sonreir, que te hacen añorar... 
Duele cuando lo que recuerdas no es más que sólo trozos sueltos de un deseo que no llegará. 
Duele cuando no tienes nada que te haga daño...

A veces me gustaría dejar de lado, sólo por un par de horas, todos los recuerdos. No es que no me guste recordar (porque es una de las cosas en las que más ocupo mi tiempo), pero... los recuerdos no son recordados de igual forma por todas las personas, y... yo suelo soñar a partir de un recuerdo. 
Hoy viviré del presente, y no recordare... a ver qué pasa. 

Recordad, Karen.

sábado, 28 de agosto de 2010

Hoy lloré.


“Hoy lloré
se me habrá metido un poco de arena
eso no es para mí”
-Decidí, Extremoduro-

Lo peor es no saber el por qué. 
Yo, que guardo todo bajo mil candados y no dejo a nadie la llave de mis sentimientos, he llorado.
Sentía las ganas de llorar subirme por la garganta, aguarme los ojos y achicarme el corazón.
Hoy, que ya estoy bien, he decidido intentar explicar con palabras todo lo que he sentido.
Me he sentido pequeñita, insignificante, lejos de todo lo que me rodea, aislada viendo como pasa la vida por los demás…
No suelo llorar, suelo tragarme todo lo que no me gusta, suelo dejarlo pasar, suelo no darle importancia a las cosas que no me gustan… Suelo mostrarme indiferente hacia temas de sentimientos, parezco fría. No lo soy.
Es miedo.
Quiero conocerme un poco mejor:
Me escondo bajo una sonrisa, siempre estoy feliz y nunca me enfado. Pero siento, y siento muy fuerte.
No me enfado porque lo encuentro innecesario. Entiendo que no todos pensamos igual, y no me gusta tratar temas serios (por eso evito enfrentamientos). Por otra parte, hay temas que es mejor no tocar conmigo, porque, si bien no me enfadado, no dejo el tema hasta dejar bien claro que mi punto de visto es el más indicado.
De estos temas puedo hablar libremente, pero… ¿sobre el amor?
Hace unos meses hablaba sobre el tema. Descubrí cuanto me cuesta admitir que lo deseo con todas mis fuerzas, y descubrí cuanto me cuesta decir “te quiero” aunque no le dé importancia a su significado.
Todo esto viene a que… quiero parecer fría porque en verdad soy todo lo contrario, y no quiero que la gente lo sepa.

Lloré y sólo sé que sentía que todo estaba mal, pero aún no sé el motivo de verdad… o, sí lo sé pero no lo quiero decir en voz alta.

Viendo la película “El Guerrero Pacífico” escuché algo muy cierto: “A quien cuesta más querer, es el que necesita más amor”. 

Llorad, Karen.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Vivir

¿Qué es la muerte?

Es el punto final definitivo, ese punto (como dice Sabina) al que no le siguen dos puntos suspensivos.
Es ese momento en el que piensas “¿y ahora qué?”.
Es el último piso, al que se llega después de subir y bajar escalones numerosas veces.
Es el destino de todo el que vive.
Es algo que duele. Pero sólo duele a esos a los que la muerte dejó atrás, incompletos.
Es algo sencillo, en lo que no hay que pensar. ¿Acaso merece la pena pensar sobre ello?

La muerte sólo es una cosa: nada.

La gente no suele tener miedo a la muerte, sino a vivir.
Y ¿qué es la vida, entonces? 

La vida, desde luego, NO es abrir los ojos cada mañana.
Es todo tu recorrido hasta el final, puede ser largo o efímero… pero, siempre que se pueda: la vida es maravillosa.
La vida es una compleja unión de personas, momentos y palabras.
Siempre (y nadie puede decir lo contrario) hay algo por lo que merece la pena seguir vivo. Existen recuerdos desagradables que te animan a suplantarlos por otros mejores. Existen recuerdos hermosos que se instalan en tu mente y en tu corazón, planeando nunca irse.
Y, si los recuerdos no son suficientes para seguir aquí… siempre se pueden crear nuevos recuerdos.

Es mejor tener algo, por pequeño que sea, que tener nada (absolutamente nada).


Vivid, Karen.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Te quiero.

Dos. Sólo son dos palabras. Dos palabras que significan tantas cosas… y a la vez, nada.

No soy de las que piensan que un “te quiero” son palabras muy importantes, me parece que un gesto o una mirada dicen eso y mucho más, pero… sin embargo, soy incapaz de pronunciar estas palabras sin añadirle un tono despreocupado y divertido.

Creo que hay muchos tipos de “te quiero”.

Está el “te quiero sincero”: ese “te quiero” que sale de tu boca sin motivo alguno, ese que no hace falta decirlo pero se dice. Ese que es entre colegas, ese que no esconde nada más que la verdad, que no tiene significados ocultos. Ese que te hace sonreír. Ese “te quiero” que nace de una conversación que acabó en una sonrisa. Ese “te quiero” que es así de simple. Ese “te quiero”, para mí, es el que más valor tiene.

Está el “te quiero educado”: ese “te quiero” que dices casi sin darte cuenta, sólo porque queda muy mono poner “tq” al final de cada mensaje. Ese “te quiero” que no significa nada. Ese que puedes poner infinitas veces, sin temor a que ese alguien se cree la idea equivocada, ese que no es de verdad.

El “te quiero cobarde”: ese “te amo” que va disfrazado de simpleza con un “te quiero”. Ese que intenta averiguar sentimientos antes de lanzar las palabras que en verdad se quieren decir… “te amo. Más que a nadie en el mundo, y sólo deseo que tú también lo hagas”. Ese te quiero que cuesta tanto decir, pero que se dice muy a menudo, y la gente confunde con un “te quiero sincero”.

Existe el “yo también te quiero, pero no así”: ese que te rompe el corazón. Ese que hace que desees no haber dicho nunca el “te quiero cobarde”. Ese “te quiero” que sólo significa un “te aprecio”.

Y muchos más…

Pero, allí está el problema: ¿por qué tenemos que pensar sobre el “te quiero”? No son más que dos palabras bonitas, que significan muchas cosas (significa lo que tú quieras que signifique), o… quizás nada.

Hoy, no me siento capaz de pronunciar esas dos únicas palabras, ni siquiera para responder a las mismas palabras. Quizás sí le doy importancia, aunque no quiera dársela.


Quered, Karen.

sábado, 14 de agosto de 2010

Palabras

Todo el sueño que no he soñado se me ha acumulado entre ayer y hoy.
Hace ya unos cuantos días que no podía dormir más de cuatro horas, por pasar las noches hablando y, cuando intentaba dormir, pensando. No se puede dormir si tienes algo en la cabeza, porque le das vueltas como un tiovivo mal ajustado, que al final te marea y acabas por derrumbarte (regresando a la idea inicial).
No pensar.
Pensar que no debo pensar, es un pensamiento, con lo cual… no se puede evitar no pensar. Siempre se tiene algo rondando por ahí arriba, algo que no te deja en paz. Sin embargo, a veces me ha pasado que dejo mi mente en blanco, sólo rellena de las gloriosas notas musicales provenientes de las manos de Steve Vai. Me dejo caer los párpados, dejo de mirar las estrellas, y siento como el viento de la madrugada me revuelve el pelo y me eriza el vello de la piel. Es una sensación tan simple, que hace que deje de pensar en nada más. Mis conflictos mentales desaparecen y me dan una tregua hasta el día siguiente. Pero sólo a veces.
Que ¿en qué pienso? En lo de siempre.
Pienso en las palabras (las dichas, las ocultas, las obviadas, las sutiles, las hermosas, las que duelen, las olvidadas, las que vendrán, las que pudieron haber sido…) Pienso en cada conversación que he tenido y cada una de ellas que me encantaría tener. Pienso en una vieja situación y las palabras que yo debería haber dicho, en lugar de las que solté. Luego de un rato: pienso que pierdo mi tiempo. ¡Las palabras son de las pocas cosas que no se pueden recoger! Ya están dichas… entonces ¿por qué pienso en ellas como si pudiera cambiarlas?
Lo he intentado, pero cada madrugada acabo quedándome dormida con el mismo pensamiento en la cabeza: no debes hacer esto.
No debo pensar en las palabras.
Pero… no se puede evitar, es decir: ¿cómo controlas algo involuntario?
Si centro mi mente en otra cosa… pero, a esas horas no queda más por hacer, quizá por eso no quiero ir a dormir, para tener la mente a otra cosa.

Creo que le doy demasiada importancia a las palabras… ¿acaso soy la única?


Dormid, Karen