Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

sábado, 14 de mayo de 2011

Piénsame.

Piénsame en blanco.
Imagíname en el fondo de tu vaso
Y pinta mis sombras a tu paso.
Miéntete todo lo que quieras,
Como si no supieras
Lo que en verdad deseas.
Piénsame en ti
Y de tu corazón no me dejes salir.
Cuélate donde sea,
Entra a tu manera,
Y deja que te hiera.
Prueba tus palabras más usadas
Esas que suenan dulces si están calladas.
Porque cuando persigues princesas
Por las calles, y las besas
Pienso que ya no me interesas.
Piénsame despacito
Quiéreme más que un poquito
Y no me sueñes flojito.
Pídeme  que te vea
Que te escuche, que te crea
Que te regale un sueño
Y que de él te haga dueño.
Piénsame y llora
Al encontrarte con las horas.
Dime que estás triste y que me añoras
¡Pero es que ya no me enamoras!
Escríbeme mil y un versos de noche
Regálame una estrella
Y cuando anochezca
Haz que en tus sueños aparezca.
Piénsame cuando rías
Y cuando tengas alegrías.
No te cohíbas de decir tonterías
Que yo aún tengo mis cobardías
Y no te diré más que mentiras. 
Pero piénsame noche y día
Que sabes que a mí me encanta
Cuando haces como que me cantas…
Sólo hay una cosa que no quiero que hagas
Es que cuando tu amor por mí apagas
Y por mis ojos te resbalas
A mi corazón te aferras
Y me haces querer que mueras..

-Karen Acuña-

Piénsame, piénsale, piénsate, Karen. 

domingo, 1 de mayo de 2011

De cuando tú... de cuando yo...

Esto va sobre lo no olvidado
De cuando buscabas el calor en un verano
Y dibujabas sonrisas con las manos.
De cuando no tenías miradas
Y llorabas palabras acumuladas,
Rotas, tristes y estropeadas…
Va de cuando pisabas fuerte
Y te atrevías hasta con la muerte.
De cuando ibas probando suerte
Buscando bajo cada puente
Alguna palabra que despierte.
De cuando le escribías al amor
Y te hacía llorar esa canción
O de cuando perseguías palabras
Cuando huían abrazadas
Por miedo a tus miradas.
Va sobre ti
Sobre lo que te hace feliz
Y sobre todo lo que perdí.
De cuando mis silencios atacaron
Y tus palabras se cansaron
De intentar hablar
Cuando no podían ni respirar.
Va sobre lo que no vivimos,
Lo que no nos quisimos
Y lo que nunca dijimos…
Va de cuando salían las estrellas
Y tú abrías tres botellas
Para pasar la noche en vela
Y gastarla toda entera
Haciendo que todo duela.
De cuando pensabas así
Y me decías mucho sobre ti
O de cuando decidí
Que ya no eras para mí.
De cuando los vacíos eran vacíos de verdad
Y no había espacio para más soledad…
De cuando existía la casualidad
Y no esto que no sé nombrar.
De cuando no se me acababan los versos
Y lo que te quería no entraba en el Universo.

-Karen Acuña- 

Id de cuando erais felices, Karen.

domingo, 24 de abril de 2011

La común historia del que no es feliz.

Erase él uno más entre mucha gente,
Que vivía de vaso en vaso
Persiguiendo sueños escasos.
Contaba silencios entre palabras
Para tener bien medida
Su mirada
Perdida.
Erase él un común ciudadano,
Que reía con lo mundano
Y disfrutaba con lo cotidiano.
Paseaba acompañado
Y temía que le cogiesen de la mano.
No es porque no le gustase
Es porque temía que se acabase.
Le gustaban los abrazos,
Esos que surgen en un segundo
Y se hacen muy profundos.
Le gustaba que le sonrieran,
Y que con los ojos, le quisieran.
Erase él de los que siempre tienen prisa
Pero también
De los que se detienen si viene brisa.
Soñaba él con una sola sonrisa,
Que lo visitaba noche y día,
Estropeando su caligrafía
Y haciéndole escribir mala poesía.
Vivía en los bajos de un puente
Para recoger los suspiros que tira la gente
Y alimentar a su corazón
Que palpita de pura desolación.
No era infeliz
Pero a veces tenía un desliz
Y entre sus sueños
Se colaban lágrimas de empeño.
Reía, sí
Pero sólo porque si no, no vivía
Y morir era algo que aún, no quería.
No era él el más feliz de por aquí
Y sin embargo
Cada noche en su letargo
Recitaba viejas canciones de amor
Para adormecer a su corazón
Con un poquito de dolor…
Y al dormir,
Su corazón, ansioso por latir
Lo enviaba lejos muy lejos
A terminar sueños incompletos.

-Karen Acuña-

¿Qué?, Karen.

lunes, 18 de abril de 2011

Destino: "Aún Hay Tiempo # 31"

Supongamos que ha pasado mucho tiempo, y, entre las muchas cosas que se han inventado, logran un método para viajar en el tiempo…
Yo sólo enviaría una cosa…

   Querida yo:
No te pregunto cómo estás, porque sé que siempre contestas igual (no es que mientas, es que ni tú misma te aclaras).
Primero que nada, decirte que no estoy mal, que no era para tanto…
Ahora: pasemos a lo importante. ¿En qué pensabas cuando pensabas así? Y sabes a lo que me refiero, conmigo no tienes secretos, a mi no puedes mentirme.
Quiero que sepas una cosa: la cobardía no es tu problema, tu problema es la falta de fe. Eres demasiado negativa (no, no se llama “ser realista”, que sé que lo estás pensando, te conozco). Sé que es difícil, pero te recomiendo que dejes de pensar así.
Ahora me gustaría hablarte de algo: si alguna vez te pasa por la mente dejar que tu lado más frío e insensible tome las riendas, no lo permitas; porque eso hará que estalles (como una estrella cuando muere) en el momento y lugar equivocado (hazme caso, lo sé). En el fondo, tú y yo sabemos que lo frío no nos gusta.
Decirte que no tengas miedo y que vivas (no como debería ser) sino como más te guste, vive sintiendo que haces las cosas bien, aunque no sea así.
El objetivo principal de esta carta es decirte una cosa: ¡Por Dios, deja de vivir en tu mente! Deja de sonreír cuando no quieres, de mentirte, de callarte, y sobretodo deja ya de no escucharte.
Te digo un secreto: lo lograrás.

PD: Ojalá me hagas caso ahora, así nos evitamos cosas innecesarias.

Te quiere… tú. 


Enviado, Karen.

domingo, 3 de abril de 2011

Escribir por escribir.


Sólo escribo porque me apetece, no porque tenga algo que decir, ni por saber de alguien que lo leerá…  
No suelo escribir así, sin pensar lo que voy a escribir. No tengo una idea, ni estoy encaminada, sólo escribo *pequeña pausa* para mí.
¿Y qué puedo decir? Nada que os interese –minúsculo grupo de personas que me conocen, dentro de la pequeña porción de gente que me lee­–, os lo digo de verdad… ya podéis ir dejando de leer.

Retomo mi pregunta: ¿qué puedo decir? Puedo decir que no he escrito más poesía porque me da miedo (poquito) ponerme a escribir. Ahora es cuando debería darle a la tecla de borrado y eliminar esa última parte *pienso*. Pero he decidido (desde hace un tiempo) que no me quitaría libertad de poner nada por escrito, al fin y al cabo “¿qué más os da?”

Podría estar aquí durante mucho mucho tiempo, pero tampoco es plan que si alguien (tú) me lee se aburra (que lo hará. Es lo peor que he escrito, porque, en cierto modo: no he escrito nada.)

Para que esto no sea una pérdida total de (tu) tiempo… me detendré un segundo a pensar en algo que (te) pueda decir.  Nada  *pienso* Eso es lo que diré: Nada. *Pausa, pausa, pausa* Ahora lo explico:

Digo Nada porque suena mejor que Todo… porque Todo incluye todo lo malo. Y Nada es un misterio… *observo tu expresión* De acuerdo, puede que sea una tontería. Digo, nada.

He cometido un error.
*Silencio prolongado*
¿Quieres saberlo?
*Asentimiento*
No te lo diré.
*Asentimiento*
Bueno, está bien… le he dado al ON.
*Mirada de reproche sentido*
Lo sé… Ahora mismo le doy al OFF.


Adiós.
PD: Nada.

Sin decir nada, Karen. 

lunes, 21 de marzo de 2011

NO.

No nos conocimos nunca,
Ni tampoco nos cruzamos la mirada
Bajo alguna noche estrellada.
No hablamos jamás de cosas importantes
Ni malgastamos segundos de nuestra parte
En soltar palabras escasas de arte.
Aunque quisimos fingir que nos veíamos,
Que no nos huíamos,
Y que al menos un poco reíamos…
Ambos sabemos que nunca supimos
Si la presencia del otro percibimos.
No perdimos tiempo entre canciones
Ni entre versos que al corazón enamore.
Tampoco entre rosas y velas
En alguna noche de cena.
No caminamos tomados de la mano,
Compartiendo el suelo sobre el que andábamos
Ni con sigilo pretendíamos que nos acercábamos.
¡Qué no! No nos miramos fijamente
Ni siquiera para hablarnos cruelmente
Y decirnos cosas que al corazón ahuyente.
No pensamos en dejar de decir “no”
Ni en inventar falsas frases de amor
Que lograran robar a la luna un resplandor.  
No  consta en mis papeles
Dato alguno de que alguna vez existió alguno
Que con sus ojos anularme pudo.
Tampoco consta en mis pulsaciones
Que amor y valor tenías como aficiones.
No hubo nunca un tal vez
Ni un te quiero al amanecer,
Ni sonrisas tontas que hacen enloquecer,
Ni susurros quedos que conceder.
No fui nunca testigo
De algo que, sin motivo
Me animara a cometer desvío.  
No juraste ni una sola vez
Que era verdad, que estaba al revés.
Y no te importaba si no creía
Que los nuestro era mentira.
No llegará esto a tus ojos,
A tus mieles paradojos…
Pues resulta que nunca nos conocimos
Y ni tan siquiera lo quisimos.

-Karen Acuña-

Lo no dicho, Karen. 

lunes, 14 de marzo de 2011

Perfección argumentada.

Ajá, ya sé que no existe… ¿Y qué?

Si la perfección existiese… sería… ¿cómo sería?
Me gustaría que fuese persona: el aspecto da igual, pero los ojos… los ojos tendrían que tener escrito “No tienes ni idea de lo que estoy pensando.” Los ojos serían lo más importante, sí; el color es lo de menos: que sean del color de las palabras, con un tono poético y melancólico, pero sin dejar de ser sonrisa. Su voz sería rasgada… con dejes de querer gritar cuando no se puede.
Perfección tendría que saber de todo un poco, para que las palabras no se le acabaran nunca. Tendría un corazón especial: con opción a remplazo en caso de daño. Y así funcionaría:

Perfección no carecería de problemas, aunque no le afectarían en absoluto.
Sentiría, sí. Sentiría todo lo que se puede llegar a sentir, pero no serían sentimientos irremplazables (y los podría desechar con toda facilidad.)
No digo que sea de hielo, ni que sea roca… (Eso es lo peor: porque el hielo y la roca, cuando se rompen, y sus trozos se dispersan, no se pueden volver a juntar)…digo que sabría pasar de página. No viviría atrapado entre las páginas del calendario.
Y he ahí la clave de la perfección: dominarte. Darle al off y que funcione, que funcione de verdad. Ser capaz de controlar tus pensamientos.
Todo (cuando digo todo, me refiero a ese pequeño detalle que no te deja en paz) está en la mente. Y con esto quiero decir que… La principal cualidad de Perfección sería dominar sus pensamientos.

-          Es imposible.
-          Un poco, pero no es imposible del todo. Porque no existe nada absoluto.
-          La gente no cambia.
-          Ya lo sé…

Si Perfección existiera, sería perfecto.
No intentéis ser perfectos… que no os saldrá bien (hacedme caso).
Podéis controlar vuestro pensamiento: todo es práctica.

-Le doy al off- (pienso)

Dominaros, Karen.