Vendo mi alma al primero que pase porque el diablo se olvidó de mí.

Dejad los pretextos, la vida necesita más párrafos.

domingo, 7 de agosto de 2011

El Tiempo siempre va a su bola.


No existe la realidad. En realidad, ahora estoy en un segundo detenido, viendo cómo pasa el tiempo, como todo da vueltas, como todo gira y crece a mi alrededor; y yo: sólo estoy aquí, dando mil vueltas en el mismo sitio.
Parece que el tiempo se ha tomado unas vacaciones. Es como si todo pasara a cámara lenta.  .   .  m  uy      le   nta   . 
No es que no me haya dado cuenta antes. No es como esos baldes de agua fría que dicen que sientes cuando caes en cuenta de algo. Es más bien como si alguien hubiera olvidado darle al “play” a esa película que estuvo mucho mucho tiempo en “pause”.
Es… ¿cómo decirlo? No se dice, se siente y punto.  Eso es, eso es lo que no hay que hacer.

-          ¿Y qué hay del otro lado?
-          ¿Al otro lado de dónde?
-          No sé, pero dímelo.

Es como si el tiempo se hubiera detenido al tiempo que yo cerraba los ojos, como si me hubiera quedado atrapada en un pestañeo. Entonces, como cuando tienes los ojos cerrados… sabes que hay algo, pero no sabes el qué.
Y, hablando de cosas que están pero no se ven… ¿Qué importa que no se vean? Igualmente están. Pero como si latieran a otro tiempo, en otro reloj.  Y ¿qué pasa con esas cosas que se ven pero no están, es posible? Tú te ves, te veo, te ven, te vemos. Pero nunca estás.
Vaya que sí. Todo es posible. (¡Suena a mentira!)
Bueno, que sí, que no sé muy bien de lo que hablo… pero sé una cosa. Sé que la sé, pero aún me falta verla.

¿Qué me dices? Nunca pasa nada.

El punto es que... es MI Tiempo, y te quiero regalar un par de segundos, Karen.

jueves, 4 de agosto de 2011

Palabras que no se pronuncian.

Y en el cielo de las palabras que se mueren
Están las que nunca fueron pronunciadas
Y las pequeñitas que quedaron olvidadas.
Pasa que el latido del reloj las frena, las riñe y las congela.
Pasa que un día una palabra quiso ser dicha
Y quiso mostrar cada letra, y cada sonido escondido
Que había dejado tirado, dormido, y sin latido.
Y en el cielo de las palabras que se mueren, acabó.
Un silencio ensordecedor cayó
Fue como uno de esos silencios insurrectos de mala maña
Que no tienen nada mejor que hacer sonar campanas.
Cayó de prisa, sin tocar fondo,
Dibujando espirales en el cielo,
Que muy de vez en cuando le dejaba descansar
En ciertas nubes, para poder soñar.
Y cuando la endeble nube hundía sus caricias
Nuestra palabra seguía cayendo, propicia...
...cuando le entraron ganas de llorar.
Gritaba y gritaba que lo sentía
Que nunca debió querer mostrar lo que tenía.
Pero que, a pesar de saber que se moría
Le hubiera encantado saber cómo la oían.
Y mientras seguía cayendo, y a sus lágrimas dejando atrás
Imaginaba la de cosas que hubieran podido pasar
Si en lugar de sólo querer hacerse oír
Hubiera gritado muy fuerte, hasta morir.
No hay mucho más que decir sobre esta palabra
Más que acabó acabada en alguna rota garganta.

-Karen Acuña-

Todos lo hemos visto, Karen.

domingo, 24 de julio de 2011

Sólo son palabras.

Calle desierta. Frío. Diminutas gotas caen del nublado cielo. Luna y tenues farolas iluminan el rincón donde dos se miran fijamente. Él y Ella.
Él: un tipo tranquilo, de lo más normal. De muchas palabras y enorme sonrisa.
Ella: de pequeña siempre deseó que un trocito de Luna apareciese en su habitación.

En una escala del 1 al inconsciente, estos dos se encontraban en un perfecto 7.
Latas vacías decoraban su alrededor. Sentados uno en frente de otro; recostando la espalda sobre cada pared. Al respirar, el vapor salía como si de una locomotora se tratase; pero no sentían el frío, el rubor coloreaba sus mejillas.

-          Tendríamos que irnos – dijo ella.
-          Siempre quieres irte.
-          Es lo más conveniente.
-          ¿Huir?
-          No. Dejar los pies en el suelo.
-          ¿No te gustaría volar?
*Silencio*
-     ¿No te gustaría sentir el filo del viento mientras caes, mientras atraviesas las nubes? – continuó él.
-     Prefiero soñar que lo hago.
-     Algún día te cansarás de soñar.
-     Lo dudo.
-     Siempre dudas de todo.
-     Dudar siempre es la mejor opción.
-    ¿Estás segura de que estás viva? – soltó.

Ella se acercó, recostó su espalda en la misma pared que él, a su lado, hombro con hombro. Le cogió la mano y la llevó a su pecho.

-          Me late el corazón – afirmó ella.
-          Quizás no son latidos. Puede que sea el movimiento del aire al entrar y salir.

Lo suelta, regresa a su pared. Guarda silencio. Nunca se le dio bien eso de hablar.
Él dio un largo trago a esa botella de Jack Daniel’s. Se la tendió a ella, que bebió, bebió y bebió.

-          Me gusta cuando haces como que te enfadas.
*Silencio*
Una sonrisa se escapa por entre los labios de ella; él lo nota.
-          Me gustas despeinada. Y si no lo hace el viento, lo haré yo.

Se acerca a ella, le revuelve el pelo. Suenan risas. Y ya, tumbados en el frío del suelo, miran hacia el nublado cielo sin estrellas.

-          Imaginemos que hay estrellas – dice ella.
*Cierra los ojos, se gira, y la mira… muy muy cerca*
-          Era una estrella fugaz.
-          ¿Qué has pedido?
-          Es un secreto – la rodea con un brazo, mientras sonríen, cómplices.

-          Si supieses detener el tiempo, te pediría que lo hicieras ahora mismo – dijo él
-          Lo haría.
-          Deberías aprender.

Despegaron del suelo y acabaron con ese Jack Daniel’s.  La risa se colaba entre las palabras y la visión ya les fallaba. La temperatura caía en picado.
Abrazados, pecho y espalda, casi sueñan.

-          No te duermas – dijo él.
Ella echó hacia atrás su cabeza, mirando su cuello desde abajo… subió un centímetro y le dejó un beso. Él sonrió y la abrazó más contra sí.

-          Ya no sé cómo acabamos aquí – dijo ella.
-          ¿Importa?
-          No.

-Karen Acuña-

Bueno, eso, Karen. 

lunes, 18 de julio de 2011

Sola.

No estoy sola, me acompaña tu soledad
Cantando sin estribillo, para variar.
Y con mil y un puñados de sinceridad
Me lanzo al vacío y te dejo de esperar.
Si no te veo, por entre las grietas de esta realidad,
Ni te escucho cuando te pones a bailar
Será porque me quedé muda de tanto mirar.
No estoy sola en este sin retorno,
Que al final del camino, en la esquina,
Me esperas tú en la otra fila
Para a mis mentiras hacer compañía.  
Y ya que estás aquí, te puedo decir
Todo lo que un día durmiendo… descubrí.
Supe del sabor añejo de las palabras que guardé,
Y del color del montón de hojas que tiré.
Supe de todo lo que esconden tus ojos
Y del azul de esos sonrojos.
Descubrí que para caídas ya está la mía
Que sin subir bajé
Al fondo de este querer.
No estoy sola cuando pienso
¿No?
Ni estoy sola cuando la cuerda tenso
¿Y qué más da si te pierdo?
Mis pasos siempre van más lentos.
Y cuando quiero detener el tiempo
Llega la ola del silencio
A atacar sin argumentos.
Estoy sola entre los suspiros
De los momentos que no son míos,
Entre las palabras que imagino
Y entre los caminos que desvío.
Estoy sola mientras te explico
Que me voy porque no hay aviso
De la hora en la que debí decir
Todo eso que antes sentí.

Junto a tu nunca, Karen.

martes, 12 de julio de 2011

Si mañana hubiera de morir...

Morir es poner una cinta a los ojos, tapar las emociones, conocer la inconsciencia.
Morir de pie, tumbado o dormido… Morir a manos ajenas, o propias.
Si mañana dejase este mundo: ¿Qué fue de mí?
No hay respuesta menos estúpida que la pregunta. Es decir… ¿a alguien de verdad le importa lo que hagas? ¿Existe alguien en quien de verdad puedas influir?
Claro que no. No es que no importes, ni que seas pequeñito… es que no eres tan grande.
Por morir, no mueres tú. Muere tu presencia. Mueren tus futuros, y se congelan tus presentes. ¿Y el recuerdo, qué? Algunos mueren también. Otros adquieren importancia. Algunos recuerdos (bien estúpidos) se pierden.
Si mañana hubieras de morir, seguro que hay algo de lo que te hubiera encantado arrepentirte, pero no. Eres un cobarde.
Seguro que alguien te echa en falta. Seguro que alguien se pregunta dónde estarás. Seguro que te quedan muchas cosas por hacer, y otras tantas por comprender.
Si mañana hubieras de morir, y lo supieras… ¿harías algo?
Querrías llorar, golpear, saltar, correr, gritar… querrías vivir en un día todo lo que no fuiste capaz de hacer en toda tu vida. ¿Sentirías miedo?
Seguro que lo único en lo que pensarías es en lo mucho que echarías de menos esta vida ¿no? Llorarías al saber que nunca más te mirará a los ojos; que nunca harán eso… ni aquello… ni eso otro. ¿Sabrías despedirte?
Morir es la manera que tiene esta vida de decirte que tuviste cosas para hacer, que no tienes nada más que hacer y que no tendrás nada mejor.

Si mañana hubiera de morir…. Te diría que te odio, para que no me eches en falta.

Pensad, Karen. 

martes, 28 de junio de 2011

Te dejo..

Brilla el sol y hace frío
En estas paredes de vacío.
No suena más que el tic tac del insolente tiempo
Que amenaza con separarnos poco a poco el cuerpo.
¿No adivinas qué estoy por decir?
¿No supones que es lo que está por venir?
Ya estoy aquí, en este pasado
Para decirte, mientras te suelto de la mano,
Todo lo que he estado guardando.
De ti me guardé ningún beso y mil por qué’s.
También me quedé viejas fotos de pared
Para pensarte y soñarte al atardecer.
Me guardé en una cajita, muy pequeñita,
Millones de palabras encadenadas
Que empiezan por ti y nunca acaban.
Y entre el montón de cosas que dejé ir
Se encuentran hojas en blanco
Y frases por incluir
En ese tiempo sin latir.
Se encuentran también todos los hilos que no até
Las palabras mudas que me inventé
Y los secretos que no están pero se ven.
De ti me quedo con este principio
Que llega tarde y es ¡tan típico!
Pero no te lo dejo por si un día te da por volverlo a usar
Y con él construir cosas que no aguantarán.
Y dime: ¿Qué hago con las ganas de volar?
¿Me dejo sola y a esperar?
Quizás el viento nunca borre las huellas que tracé
Pensando que nunca me quería perder…
Y ahora, cuando el tiempo dice que se hace tarde
Te explico seriamente este detalle:
Que entre las cosas que te dejo, está mi corazón
Frío, helado y sin usar
Para que algún día sepas amar.


Te dejo, un ratito.. Karen.